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Monterrey N.L.

El pelo en la sopa

Minuto
Por CHAVA PORTILLO

 










El primo de un amigo es un bato viejo, repelón, amargado por los muchos calendarios que han pasado por su vida. Nada le parece bien, ningún chile le embona suelen decir los chilangos que encuentran en el albur su mejor forma de expresión.

A regañadientes unas chavas que trabajan con cierto grado de eficiencia y buen humor en lo que llaman “bienestar” le avisaron que, por estar viejo y jubilado, careciendo de trabajo le brindarían una ayuda con aroma de limosna.

Como al caballo dado no se le mira el colmillo, se presentó en la oficina de Telégrafos -que pensé que ya habían desaparecido- frente a la alameda y a una cuadra del añorado cine Monterrey y muy cercana a una mueblería FAMSA, esas que aparte de esquilmar a los pobres que le hacen sentir que la tienda es toda suya, dizque con precios chiquititos e intereses grandototes, además de defraudar con su banco a los que soñaron que eran serios.

Lo citaron a las 11.00 y con un sol abrazador de 37 grados se formó en una interminable fila de cuadra y media con una sed que solo la rebasaba la necesidad de los míseros pesos que recibirían.   Un par de milites soportando la penitencia de aguantar el uniforme, chaleco antibalas, casco y metralleta, se encargaban de cumplir la orden: “metro y medio, agarren su distancia” mal humorados tal vez porque piensan que mostrar mala educación es sinónimo de causar temor.

La calle Amado Nervo antes de llegar a Aramberri es el muladar más parecido a los patios de SIMPRODE y los enviados del alcalde de Monterrey Adriancito el pequeño, brillan por su ausencia.  Tal vez porque por ahí no pasa su suegra y los setenta y cuatro vejetes en su amargura de soportar el sol, la tardanza y los olores fétidos de la basura acumulada, recordaron tantas ocasiones a la madrecita de pequeñín que honestamente nada tiene que ver con la irresponsabilidad del que sueña con ser gobernador.

Pero hay que entender, es la compra de conciencias amalgamada a la urgencia económica de los que formaban la fila en su desesperación y hambre de poder llegar con un mendrugo a sus hogares sintiéndose útiles y que aún pueden ser autosuficientes.

Los que hacen su agosto son los taxis que esperan a los ancianos que carecen de un auto y los camiones urbanos son misión imposible.

Luego de dos horas y la conmiseración de los taqueros que amables prestaron unas sillas plásticas en una escena por demás triste pasaron a la mini oficina de TELECOM y pudieron cobrar su ayuda que les manda el cocodrilo mayor y que exigirá en las próximas elecciones.

Cuando usted se esté desayunando, nuestro glorioso presidente estará en un cuarto de un hotel desconocido esperando que Donald Trump le termine de hacer la mala faena de hacerlo pasar por la puerta de la servidumbre.    Cosas veredes amigo Sancho diría el caballero andante.             [email protected]  


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