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Monterrey N.L.

Estábamos mejor, cuando estábamos peor

Minuto
Por CHAVA PORTILLO






Ayer platicando con uno de esos periodistas picudos producto de su edad y sapiencia me obsequió una frase que vale la pena recordar: estábamos mejor cuando estábamos peor con relación a los avatares de la 4 transformación, sueño que encabeza el cocodrilo mayor tlatoani de todos los mexicas que tuvieron la ocurrencia de creer en su mundo mágico, que no deseamos no se cristalice, pero que cada día lo vemos más lejano el puerto que ha de guarecer ante una tormenta.

Salió la plática por la ola de protestas para unos mal organizadas, para otros, muestra inequívoca de una luna de miel que prematuramente acaba cuando apenas la novia está arribando al tálamo nupcial para desempacar las maletas y guardar el traje de novia y el ramo de la boda.

No pretendo ser el sensei de la política ni soplar la trompeta de Jericó en una desgracia que muchos auguraban desde que se dio a conocer la aplastante derrota que infringió el peje a todos los ilusos que soñaban en dejarlo con las mismas ganas de ganar la presidencia, que no ocurrió.

No es buen augurio que después del primero de diciembre a seis escaso meses de mandato la gente salga a manifestarse mostrándole al presidente que no están de acuerdo con su diferente forma de gobernar ya que cada vez es más frecuente la agresión física y verbal no pudiendo desviar la atención con frases vanas de “ese es mi pueblo”

La misma sensación que sucedió cuando el ranchero de las botas hizo ilusionar que las cosas serían diferentes, nos dimos cuenta muy pronto que sí serían de otra manera…pero para peor y cuando tomó las riendas del gobierno la insoportable Martita la diminuta boticaria de Celaya, entendimos la frase de que habíamos fracasado en el sueño de tener una patria mejor.

Hoy ese mismo badulaque y tontorrón ranchero de Guanajuato encabezó una de las muchas marchas de protesta empañando la credibilidad de muchos que salieron a una protesta sin ambages, chuecuras  ni carambolas de tres bandas con intereses de doble filo como las lenguas de doble filo en el poema de Rafael de León.

Por más que le damos vuelta al turrón del desengaño no logramos entender por qué la necedad de AMLO de aprender a decir la frase mágica que haría que pensáramos que no nos equivocamos los que votamos por su transformación: Perdón, me equivoqué y que anuncie un gabinete congruente, inteligente y aterrizado y mandar a los seniles y a los improvisados al asilo o a la escuela, donde no debería de haberlos sacado.

Hay más tiempo que vida, rectifique presidente, si ha tomado malas decisiones por equivocación pero buenas intenciones, se vale, lo que no se perdona es el voy derecho y no mequito y no respondo chipote con sangre, sea chico o sea grande, sobre todo cuando con el experimento de “me canso ganso” fue una mala frase que lo hizo tropezar con su propia lengua.     Debería aprender pronto. [email protected]



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