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Monterrey N.L.

La culpa no es del indio

Minuto
Por CHAVA PORTILLO








Sin duda si existe algo que nos caiga en los purititos tompiates es que además de violados y arrastrados se burlen de nosotros.

Pero más allá de atavismos que venimos arrastrando desde la conquista, la actitud de los americanos nos irrita y molesta tal vez porque diosito nos hizo chaparritos, negritos y panzones y a los gringos altos, rubios y bonitos.


Tradicionalmente la envidia que nos causan cuando pasean por las playas de Acapulco con sus hermosas mujeres se acrecentar cuando el complejo es mayor.


La comedia de los inmigrantes protagonizada por Donald Trump es una farsa trágica que tiene tintes de comedia luego de las carcajadas esbozadas por el presidente yanqui cuando ocultaba en su gabardina el texto de los acuerdos que no querían dar a conocer los Ministros mexicanos y que aparentaban más a unos bisoños pasantes de la carrera de Relaciones Exteriores.


No sé tú -canta manzanero- pero yo sentí una pena combinada de vergüenza e impotencia porque el hombre del peluquín anaranjado nos hizo como quiso y al final de cuentas amén de que logró su deseo de vernos arrastrando el saco, él orondo aguarda la nominación para seguir siendo presidente que era la principal  causa de su chifladura.

Trump estaba en lo suyo y no sé si nuestro mandatario fue comparsa, porque ahora resulta que el americano estaba por enviar una carta a nuestra Honorable Cámara de Senadores -nuestra- para que autorizaran los acuerdos que firmaron Ebrard y la segunda división de su gobierno.   ¡Hágame usted el favor!


¡Me quiero morir carajo!  Un desquiciado presidente americano ordenando la agenda de nuestros legisladores mexicanos además de decirnos que este asunto de la migración no estaba concluido y que el Tratado de libre Comercio que tanto cacaraqueó Peña Nieto y nuestro paisano Ildefonso se iba al bote de la basura porque el gringo nos impone aranceles cuando se le inche la gana y no hay escrito ni tratado que valga más que sus azules bolsas reproductivas.


El tan traído y llevado muro de la ignominia no se hará en el margen del Río Bravo, sino en la orilla del Suchiate además financiado por nosotros que tanto asco le hicimos al asunto.


Por lo pronto la mitad de la Guardia Nacional estará vigilando que los negritos hondureños, beliceños y demás nahuatlacas que quieran pisar suelo mexicano serán detenidos, deportados y tratados como siempre deberían haber sido, punto y se acabó.


El discurso de AMLO gritando a los cuatro vientos que aquí les daremos a los que vengan, medicina, cobijo, techo y comida me sonó más de un merolico pueblerino que una razón de un estadista y eso de que: “donde come uno comen mil”…ah chingá, ahora resultó Jesús el del calvario para multiplicar panes y pescados para la gente que le sigue.

Existe una broma de mal gusto platicada por el perico mayor de una paradoja de un mexicano haciendo fila en una de migrantes.  Al decirle las autoridades nacionales ¿qué hacía en la fila de los extranjeros? respondió: aquí me tratan mejor que como chiapaneco.


La espada de Damocles está pendiente sobre nuestras cabezas y Donald la soltará cuando le pegue su regalada gana, o hasta que sea presidente re-electo y san se acabó si no pal baile vamos.     [email protected]




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