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Monterrey N.L.

Pena, penita pena

Minuto
Por CHAVA PORTILLO







Con manifestaciones en el mundo deportivo como la del sábado en el tongo boxístico que pomposa y ridículamente llaman “internacional” trae consigo que nuestra depauperada fama y enlodado prestigio nos sigan calificando en el mundo entero como tramposos, chafaldranos y embusteros.

Ante la carencia de auténticas figuras que arrastren multitudes y vendan boletos como lo hicieron en su tiempo “púas Olibares”, Salvador Sánchez y más reciente Julio César Chávez que se empeñaba en ilusionarnos que su hijito podía emularlo en sus hazañas y que en lo único que sí se asemeja es en el vicio de inhalar polvo y empinar el codo para rendirle culto al dios Baco, los hacedores de sueños incluidos televisa y los organizadores de los macros eventos arman payasadas con bultos fabricados para concretar peleas que nada más ellos creen que los demás nos tragamos el anzuelo.

La pelea entre nuestro campeón “invencible” Saúl “canelo” Álvarez y Daniel Jacobs, un morenito americano que seguramente es un taxista del Bronx y que la publicidad de los organizadores inventaron un campeonato de la Federación Internacional de Boxeo y lo bautizaron como “Miracle Man” promocionando que había derrotado a cuanto cristiano se había enfrentado mandando al nosocomio a unos cuantos a punto de morir por la peligrosidad de su pegada.

Luego explotaron la mamarrachada que hace algunos años Jacobs  consultando a unos galenos en Houston le había dictaminado cáncer terminal y le daban seis meses de vida;pero como la ridícula y cursi historia de Vicente Fernández que ordeñaba una vaca y ponía la leche en el biberón para guardar la mamila bajo el sobaco para que Vicentito bebiera el preciado líquido calientito y así salvarle la vida porque fue prematuro y eran muy humildes.

Por milagro de dios nuestro señor y la férrea voluntad del norteamericano se salvó,  se puso a entrenar y estuvo a punto de ganarle al mexicano por los siglos de los siglos amén. Toda esa novela de basura la crearon para inventarle un adversario y no porque “canelo” sea muy bueno, lo que sucede es que no hay interés ni contrincantes que lleven gente a las arenas y por ende a la televisión de pago por evento.

El único oponente que es infinitamente superior al tapatío es Floyd Mayweather, pero tiene harta lana y no está interesado en armar otro combate para ganarle de nuevo, además que en la taquilla la tajada del león es para el moreno y a Saúl Álvarez solo le quedarían las “machiguas” o sea las sobras.

En el terreo de la pelea, no sé qué combate vieron: los narradores, los jueces y los periodistas.   Vieron al mexicano que triunfó en forma “apretada”, otros  vieron un empate y los demás menos estúpidos se atrevieron a pronosticar que ganaba en forma unánime…no manchen, si el pobre bulto que le llevaron al sacrificio no “tumbaba” a un niño de seis años… ¡por el amor de dios!

Los que saben de este asunto de las trompadas aseguran que un gladiador en un compromiso de alta jerarquía jamás cambia de guardia, porque si con su defensa habitual,  entrenado con su estilo y estrategia es difícil, ¿qué tiene que andar improvisando?   

De cualquier manera el “canelo” a sabiendas que no le causaría riesgo alguno, lo dejó boxear los doce asaltos…para vender más comerciales y hacer más redituable el negocio, por eso desde la ceremonia del pesaje, protagonizaron el burdo escándalo de querer adelantar los golpes y luego nuestro flamante compatriota se dio el lujo de mentarle la madre porque él es muy salsa.     Sólo faltó que dijera: y Trump también, para calentar a la raza con su nacionalismo como burdo chauvinismo de corral.    

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