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Monterrey N.L.

Síndrome del Tupperware

Minuto
Por CHAVA PORTILLO








La payasada de Martí Batres en su envidiable papel de Presidente del Senado de la República no deja de ser más que eso, una mafufada con sabor a engaño y tufo  populista, porque llevar sus uvas y quesadillas en un envase de plástico “que siempre lo ha acompañado” desde hace muchos años más que admiración causa pena e irritación por el engaño.

Los restaurantes en ambas Cámaras, Diputados y Senadores sin llegar a ser establecimientos a la altura del Champs Elysse, Rincón Argentino o Aud Pied de Cochon, son de calidad en servicio y productos de excelente nivel.

La irritación que produce la actitud de Martí Batres es similar a la que causó la señora Rosario Robles que de ser una modestita lidercilla del sindicato Universitario que vestía percal, manta y popelina, hoy se viste donde acostumbra la señora Gordillo, en los exclusivos almacenes de Rodeo Drive en Los Ángeles California.

Hubiéramos preferido que se alimentaran con las mejores viandas de los establecimientos de Mazaryk o de Las Lomas y no haber caído en los excesos que hoy le han descubierto a la tal Chayito que se había hecho popular por haberse enamorado perdidamente engañada por el cinturita Carlos Ahumada que aparece en los videos de las ligas con René Bejarano en complicidad de Gustavo Ponce, aquel rufián que fue grabado en Las Vegas apostando millones de dólares.

Se equivoca el Presidente de los Senadores al querer engañarnos con una triquiñuela tan barata que es un insulto al intelecto.    Es como hacer pagar a un canalla una infracción porque se estacionó en doble fila para asaltar un banco. ¿Qué importa la multa? queremos que le quiten lo robado.

Además hay que decirle al Senador Batres que todos los obreros que trabajan en una fábrica llevan su lonche en una servilleta de tela y en una bolsa de soriana, que no es ninguna acción heroica intentar comparase con un mexicano como el que representa llevando su alimento en lo que quiera, porque no hay ningún reglamento que exija que debemos alimentar a los representantes por los que votamos.

En lugar de llevar su “lonche” en su exclusiva vasija de plástico, deje de cobrar su salario -dieta- o el absurdo y abultado bono para el apoyo legislativo que ronda entre los sesenta mil pesos mensuales;  déjese de boberías, ¿o que cree usted que no estamos enterados del costo de las botellas de tequila ‘Gran Patrón” o “Revolución Plata” de diez mil baros con las que empina el codo el brillante Porfirio Muñoz Ledo?

La pasada Legislatura que recién terminó, se fue con las alforjas retacadas de parné y en algunos casos hasta la grapadora se llevaron, así es que no nos venga a presumir con que a Chencha le dan calambres con sus lonches de portola.

Solamente falta que organice una reunión de amigas como acostumbran las señoras en las demostraciones de Avon y Jafra para sentirse que está haciendo algo por la patria.

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