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Monterrey N.L.

Voracidad implacable

Minuto
Por CHAVA PORTLLO









No dejan de sorprenderme los vatos que se dedican a la política y que invierten toda su existencia en aras de dominar la difícil habilidad de columpiarse de una liana cuando aún no sueltan la primera, eternizando su viaje sobreviviendo en su gran mayoría con una fortuna obscena librando amenazas y conjuras de perder su libertad, porque del prestigio ni hablamos.

Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, Manuel Bartlett, Porfirio Muñoz Ledo, y sabandijas como los gobernadores de Chihuahua y Veracruz César y Javier Duarte que sin ser parientes el apellido los ligaba símil como patanes, deshonestos además de presumir un cinismo exacerbado.   Podríamos llenar libros completos con los Mario Villanueva, Eugenio Hernández, Granier, Yarrington y el inolvidable tío que tuvo el copetes Peña Nieto Arturo Montiel sin olvidar al sonorense Guillermo Padrés que al más puro estilo de la película “La ley de Herodes” construyó una presa monumental en su rancho, desviando cauces de ríos, arroyos y aguajes sin importar que los habitantes fallecieran de sed.

Gabino Cué la tristemente “pantera azul” que por su promiscuidad y homosexualismo similar a la del “güero mampo” Manuel Velasco y otro miembro del clan de la mano caída conocido como la “pantera rosa“ Rafael Moreno Rosas -Valle era el padre- conformaban una pandilla de forajidos maricones que se eternizaron en el poder y algunos solo la muerte los hizo que abandonaran el empeño como Rafita que después de imponer a su esposa como gobernadora de Puebla fallecieron en el misterioso accidente en helicóptero que hasta la fecha el cocodrilo mayor no ha dicho: esta boca es mía.

Del equipo de ​Peña Nieto, afortunadamente, ninguno tuvo el empaque y la voracidad suficiente para seguir en su carrera política porque imaginen ustedes, Murillo Karam, Videgaray, Osorio y la gaviota otros seis años más…en la madre.

Gracias a dios y a María santísima llegó López Obrador y en una metamorfosis generacional y de higiene mental terminó con la podredumbre y el cáncer con la vacuna de la 4ª. Transformación y acabó con la contaminación. O al menos eso cree.

Entre los políticos actuales y locales, no podemos entender como mentecatos como Adrián el pequeño alcalde de Monterrey sueña con seguir pegado a la retesa ubre del gobierno aun cuando no pudo ganar la alcaldía regia en segunda vuelta ni derrotar a un insípido Felipe de Jesús Cantú y tuvo que entrar: el partido, el poca braza Cienfuegos y muchos billetes para comprar conciencias que no pudo conquistar con sus acciones, como están intentando ayuntarse Adrián y Paco para competir por Nuevo León y Monterrey a pesar de que el mismo PRI está con el grito en el cielo esperando que Alejandro Moreno ponga orden en la casa ahora que está por arribar a la comuna.

No entendemos como aun teniendo gente valiosa que no ha abandonado el barco, no le dicen a pequeñín que el horno no está para bollos, menos, luego de la estupidez cometida de irse a pasear a Las Vegas en avión particular del hermano y regresando en otro privado en la madrugada para ocultar sus heces como suelen hacerlo los felinos.

No habrá nadie sensato que le pudieran hacerle ver al que fue chofer de Luis Carlos Treviño Berchelman que ya no le haga daño al partido, a la clase política y a su inventor Rodrigo Medina, que ya deje de colgarse de la liana de la corrupción.

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