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Monterrey N.L.

¿Unas chelas? ¡Y porqué no!

Punto De Inflexión
Por Enrique Martínez y Morales





La cerveza es uno de esos productos que divide diametralmente las opiniones: unos la satanizan por considerarla dañina para la salud, mientras otros la ponderan enormemente por sus múltiples beneficios. ¿Quién tiene la razón?


Estudios científicos serios demuestran que beberla moderadamente reduce los riesgos de accidentes cardiovasculares, fortalece los sistemas óseo y renal, mejora la memoria, pospone el envejecimiento, combate la caspa y hasta, aunque parezca inverosímil, previene la diabetes.


Tomarla con responsabilidad también reduce el estrés y la ansiedad, fomenta la camaradería y propicia sanas relaciones sociales. Por si fuera poco, derrumba fácilmente las barreras protocolarias y genera un ambiente de confianza entre comensales cuando sustituye al amargo café en los restaurantes.


Para los mexicanos la cerveza es motivo de orgullo nacional. En todo el mundo reconocen nuestras marcas más importantes. Es tal su calidad e influencia que el envase del 70% de las consumidas por los norteamericanos lleva impresa la frase “Hecho en México”.


¡Y ni qué decir de la cerveza artesanal! Se ha convertido en una industria pujante que genera miles de empleos, enriquece el turismo gastronómico y abona a nuestra cultura e identidad social. Cientos de marcas regionales mexicanas han logrado superar las adversidades, y crecen a tasas de alrededor del 50% anual desde 2011, cuando empezaron a popularizarse.


La cerveza, como el resto de las bebidas alcohólicas, el tabaco, la gasolina y la comida chatarra, fortalecen en buena medida al erario. El IEPS, una contribución asignada para reducir el consumo de productos dañinos para la salud y el medio ambiente, recaudará este año alrededor de 90 mil millones de pesos, cifra récord en este concepto, equivalente al doble del presupuesto de estados como Coahuila y Sinaloa.


Claro, los beneficios citados se desvanecen al cruzar la línea de la mesura y la prudencia. Pasar de un estado alegre y sobrio al embrutecimiento y al ridículo, sustituye las fortalezas por amenazas, pues genera riesgos graves para la salud y potencia las probabilidades de accidentes.


Cualquier exceso es malo. Disfrutemos entonces con gusto y moderación esta bebida en familia, con los amigos, al ver el fútbol, al preparar una carne asada, o simplemente durante una reunión social. Beber cerveza así es benéfico no nada más para nuestro cuerpo, sino también para con la economía nacional.





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