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Monterrey N.L.

De campañas y dramatizaciones

Tierra De Nadie

Por Walid Tijerina


Esta semana, Leopoldo Gómez publicó su columna sobre los cambios de preferencias electorales como resultados de las campañas. El título de la columna: “Campañas que sí cuentan”. Una afirmación que parece bastante obvia, sin embargo, en estos días de euforia política y electoral, muchos expertos habían salido a decir que las campañas ya no importan, que éstas no han generado un cambio en preferencias electorales.

Pues, ¿qué tal si se echaran una vuelta por Nuevo León? ¿O por Sonora? Dos ejemplos muy claros y que, de pasada, fueron mencionados por Leopoldo. En Nuevo León, de una ventaja substancial del PRI al inicio de la campaña tenemos ahora una contienda bastante cerrada – entre el PRI y un candidato independiente. En Sonora se dio también un vuelco electoral: al inicio, el candidato del PAN parecía el seguro ganador, mismo que ahora está detrás de la candidata del PRI de acuerdo a las últimas encuestas.

Tal pareciera que comenzamos a confundir entre excesos de spots que convierten a las campañas en “infumables”, “excesivas”, “aburridas” o “insufribles”, con la proporcionalidad de sus resultados. Peor aún, queremos juzgar los resultados de las campañas cuando ni siquiera sabemos el resultado. Sólo con los resultados de las elecciones, y no con las encuestas previas, podremos calificar seriamente los efectos de las campañas.

Ahora, más importante que la llamada “spotización” excesiva de campañas, es el gasto. Existe un gasto absurdo en cuanto a recursos, más aún cuando se consideran los gastos debajo del agua –como bien retrató en la revista Nexos Luis Carlos Ugalde, antiguo Presidente del IFE, calculando que ese dinero ilegítimo es diez veces mayor al autorizado generalmente por las autoridades electorales (con el tope actual de gastos en elecciones de Nuevo León cerca de los 50 millones de pesos, ya ni para qué multiplicarlos…).

El punto es que el remedio no está en exageraciones ni en fatalismos que declaran a las campañas como completamente inútiles. Los lineamientos, en cuanto a gastos y métodos, deben cambiar, pero para proponer cambios pertinentes debemos abandonar dramatizaciones. Las campañas existen porque son necesarias, el detalle es que –para variar– están viciadas desde su inicio. Es decir, otro tema pendiente para nuestra democracia.



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