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Monterrey N.L.

El castigo al voto

Tierra De Nadie

Por Walid Tijerina


La semana pasada se habló del voto de castigo. Ahora, lo que queda por repasar (entre tantos otros temas de las elecciones) es, por otro lado, el castigo al voto llevado a cabo por la CNTE en un ejemplo claro de prácticas “antidemocráticas” –mediante las cuales la CNTE trató de boicotear elecciones  del pasado 7 de junio en estados del sur con incendios y destrozos para presionar al gobierno federal respecto a la suspensión o modificación de la reforma educativa.

Desde los finales de los ochentas, Aguilar Camín narró en su libro Después del milagro sobre la amenaza desbocada en la que se habían convertido las organizaciones magisteriales (SNTE y CNTE) para el país. Desde aquellas fechas, este autor señaló que dichas organizaciones “parecían el más formidable obstáculo a la reforma de la educación elemental mexicana y uno de los escenarios críticos de control antidemocrático, surcado por prebendas, corruptelas y baja productividad.”

Esas organizaciones magisteriales se habían convertido en un referente de lo que serían esos enormes sindicatos nacionales por las siguientes décadas: plataformas para obtener favores económicos, con “prebendas” y “corruptelas”, a pesar de baja productividad y prácticas antidemocráticas que poco favorecían a los trabajadores del país. Esto comenzó a diferenciar a los sindicatos mexicanos y latinoamericanos de homólogos en países desarrollados (como Estados Unidos), donde los sindicatos se dedicaban verdaderamente a su función esencial –buscar mejores condiciones laborales y salariales para sus agremiados (economic bargaining), en claro contraste con los latinoamericanos que se dedicaban a negociar otro tipo de acuerdos en busca de empoderamientos (political bargaining) que poco beneficiaban a sus agremiados en los niveles más bajos o a los trabajadores en general.

El gobierno de Peña Nieto marcó entonces un inicio alentador al encarcelar a Elba Esther Gordillo, lideresa de la SNTE y máxima exponente de las prácticas corruptas que se habían extendido desde hace décadas. La reforma educativa y su énfasis en evaluación fue un subsecuente corolario que se agradeció por su carácter necesario –su reciente suspensión fue clara señal de ello, a través de la respuesta indignada de politólogos y ciudadanos por igual. Aun y cuando dicha reforma educativa no sea la única solución de nuestros problemas educativos y laborales (o como lo llaman algunos, nuestra “trampa de bajos conocimientos, trabajos pobres”), esta reforma es sin duda un paso imprescindible en el camino.

El trayecto del presente gobierno ante la reforma educativa, no obstante, se ha bifurcado recientemente en buenas acciones y malos rumores. Primero, una acción alentadora y que se antojaba desde hace meses, el cese a las negociaciones con la CNTE: ya no más plazas laborales ni pagos hasta que regresen a trabajar. Segundo, el lado amargo, la circulación del rumor que Elba Esther será liberada dentro de poco, lo cual restaría credibilidad al gobierno de Peña Nieto y sus flamantes reformas.

Una de las conclusiones de esto es que la reforma educativa sigue pendiendo de un delgadísimo hilo, exactamente igual que nuestro accidentado progreso democrático.



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