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Monterrey N.L.

Estados en bancarrota

Tierra De Nadie

Por Walid Tijerina


Dicen que el mundo está en bancarrota, que el mundo le debe al mundo más de lo que el mundo puede pagar.

Ralph Waldo Emerson


En la década de los ochenta, la llamada “tercera ola de la democracia” arrasó en América Latina al ser promovida tanto por gobiernos como por organismos internacionales. Uno de sus puntos principales era la descentralización de niveles gubernamentales. Esto, sin embargo, representaría una amenaza inminente al PRI hegemónico que desde su concepción, por el Jefe Máximo Elías Calles, había puesto todos sus esfuerzos en centralizar el poder en la figura presidencial.

En la administración de Miguel de la Madrid entonces, se puso énfasis en el municipio y su autonomía –con mayores atribuciones recaudatorias y administrativas; pero se le sacó la vuelta al empoderamiento de los estados, temiendo que ese poder centralizado fuera depredado por los gobernadores. Con Salinas, se usó el innovador y amañado PRONASOL –programa ambicioso de prestaciones sociales– en supuestos esfuerzos descentralizadores, cuando en verdad consolidó una red directa de acarreo entre la población y lo que eventualmente se convertiría en la primera SEDESOL.

En otros países, desde finales de los ochenta, el proceso descentralizador había tomado vuelo. En Brasil, con contundencia especial, los estados tomaron relevancia a base de una transferencia substancial de recursos federales, es decir, de una descentralización fiscal. Los resultados fueron, no obstante, de claroscuros: se logró un gobierno mucho más próximo a la gente aunque a costa de la estabilidad económica del país, ya que los estados incurrieron en deudas estratosféricas ante manejos irresponsables de recursos.

En México, el proceso descentralizador fue mucho más gradual, no obstante, ha llegado finalmente (y desafortunadamente también) a estos alarmantes brotes de deudas exageradas en numerosos estados. Y Nuevo León forma parte de los más endeudados: tiene ahora una deuda pública de 5.2% en relación con su PIB –aproximadamente 66 mil millones de pesos. Peor aún, se ha evidenciado recientemente en los medios el “agandalle” del estado de fondos provenientes del Congreso de la Unión destinados a los municipios (por un monto de 906 millones de pesos).

Coincidentemente, esta semana el Gobierno Federal presentó la iniciativa de Ley de Disciplina Financiera de las Entidades Federativas y los Municipios que pretende restringir los aumentos arbitrarios de deudas o el uso de participaciones federales para garantizar el pago de deudas. Al parecer, a los estados les espera un futuro financiero lleno de restricciones. Por algo dicen que la responsabilidad es el precio de la libertad. Y hasta ahora, gobiernos como los de Nuevo León, Nayarit, Chihuahua, Coahuila y Quintana Roo han pecado magníficamente de irresponsables. Éste es, ahora, nuestro pedacito de ese mundo en bancarrota.



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