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Monterrey N.L.

Las bipolaridades del nuevo Acuerdo de Asociación Transpacífico

Tierra De Nadie

Por Walid Tijerina


En esta semana, lo que apunta para ser la noticia principal es la finalización de las negociaciones entre 12 países respecto al nuevo tratado de libre comercio, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP). Las visiones encontradas sobre las ventajas o desventajas de este Acuerdo para cada país comenzaron a esbozarse con rapidez. La gran motivación (geopolítica) de Estados Unidos parece ser restarle poder comercial a China. En palabras de Obama, la prioridad era consolidarse primero en la región: “si nosotros no escribimos las reglas, China las escribirá en esa región”. Esta “región” transpacífico incluye a México, Estados Unidos, Canadá, Chile, Perú, Japón, Singapur, Malasia, Vietnam, Australia, Brunei y Nueva Zelanda.

En Estados Unidos, organizaciones civiles como Public Citizen fundamentaron su oposición al Acuerdo con base, curiosamente, en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Public Citizen argumentó, en términos generales, que el TLC solamente ocasionó la emigración de puestos laborales y de manufacturas de Estados Unidos a México. Otros, como las empresas multinacionales y los representantes del partido republicano, loaron la capacidad de Obama de cerrar dicho acuerdo, algo que los republicanos “tenían pendiente en su agenda” según palabras del senador Mitch McConnell.

En México, el gobierno federal ha salido a tambor batiente, anunciando que el libre comercio con estos 12 países representa el acceso a “un mercado de 800 millones de consumidores”. La oposición, en cambio, teme una mayor depreciación de los salarios y un empobrecimiento de las condiciones laborales –la llamada “race to the bottom”.

Hace poco más de un año, Jorge Castañeda revisó los controversiales resultados del TLC en México. “Las exportaciones de México dieron el salto de alrededor de 60 mil millones de dólares en 1994 (el año en que el TLC entró en vigor) a casi 400 mil millones de dólares en 2013.” Después, sin embargo, repasó los demás detalles del TLC, ya que en este lapso la economía mexicana creció a niveles mediocres de 2.6% y el poder adquisitivo de los salarios quedó prácticamente estancado. Igual de preocupante es que el porcentaje de insumos importados en las exportaciones pasó de 73%  en 1994 a 75% en 2013.

En conclusión, la gran economía exportadora de México no está integrada con productores domésticos, agravando así el déficit comercial del país. Y si las manufacturas en el país no están generando contenidos nacionales ni innovaciones, la “ventaja comparativa” (nótense las comillas) ha sido evidentemente la mano de obra a precios baratos.

Si México sigue apostándole a su mano de obra barata como ventaja comparativa, lo más seguro es que la disparidad en México, entre riqueza y pobreza, aumente –como ha sido postulado ya con precisión por Enrique Dussel Peters. La economía exportadora seguiría, asimismo, alienada de terrenos nacionales. La apuesta, en cambio, debiera dirigirse a aprovechar la transferencia de tecnologías, licencias de propiedad industrial y know-hows con industrias más desarrolladas (como las de Japón o Estados Unidos) para fomentar las industrias domésticas y su mayor integración a cadenas globales –algo que, sin embargo, requerirá futuras negociaciones entre México y las todopoderosas empresas multinacionales.



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