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Monterrey N.L.

Chairo: ¿un extraño enemigo?

La Guerra de Vietnam es un poderoso documental de Ken Burns, disponible en Netflix. En el segundo episodio, un ex marine cuenta que sólo mató a un hombre en aquel país oriental. Luego, tras ver morir a un compañero suyo, al pisar una mina, hizo lo que él mismo definió como un pacto con el diablo: juró que no volvería a asesinar en Vietnam a ningún ser humano. Eso lo daba por descartado. Ninguno más. “Sin embargo”, añadió, “desecharé a todos los gooks que halle en mi camino”.

 

¿Qué era un gook? Un apodo, la forma despectiva como las tropas norteamericanas se referían a un militante del Vietcong. Antes se habían referido de igual manera a la gente de Haití y de Nicaragua durante el tiempo en que EUA ocupó esos países.

 

Gook no fue el único apodo que inventaron los norteamericanos (o gringos como les decimos en México, despectivamente), para reducir a simples objetos a quienes no pensaban o actuaban como ellos querían. A las ancianas vietnamitas les decían marina sons, es decir, matronas de prostíbulo. A los chinos les decían dinks; a los japoneses les decían slopes (durante la guerra del Pacífico). A los ilegales les dicen greasers, es decir, grasientos. Ellos mismos a su gente de campo, sureños, les apodan despectivamente redneck.

 

En México no cantamos mal las rancheras: ya los mexicas se burlaban de los pueblos vecinos, que consideraban inferiores a ellos, apodándoles popolucas. En el Norte a los indígenas les decíamos bárbaros (los que balbucean), y luego el exónimo peyorativo nos lo endilgaron a quienes somos de esta región del país. Claro, ya se sabe que a los de la Ciudad de México les dicen chilangos, término que acabó por gustarles. Y a los poblanos pipopes (bastante ofensivo y sin gracia).

 

A lo largo de la reciente campaña electoral, los seguidores de AMLO fueron tildados como chairos, pejezombies, o en una variante que junta ambos apodos: chairozombies. Después los llamaron amlovers. La intención, en el fondo, es la misma de las tropas norteamericanas de Vietnam: convertir a un sujeto en objeto. Racismo puro y duro. O como se le dice en filosofía: la otredad, que cuando se concilia con los otros, se convierte en alteridad. Dice el marine del documental de Vietnam que cosificar se convierte en una herramienta muy útil para mantener motivadas a las tropas contra el enemigo y que desempeñen bien su trabajo.

 

En el pasado proceso electoral proliferaron los bots en las redes sociales como Twitter, o sea, perfiles falsos, no seres humanos. Se crearon para vapulear la reputación del contrario y lincharlo mediáticamente. Los bots son vehículos que cosifican al enemigo: no se usan para debatir ideas, sino para batirse con quien a juicio del atacante es una no-persona.

 

Incluso un periódico reputado como El Norte- Reforma, suele poner apodos y sobrenombres de mal gusto a quienes critica: penosa práctica periodística que lo deshonra. Restituir los rasgos humanos del contrario, del adversario, o simplemente de quien no piense o actúa como uno quisiera, es el principio de toda restauración civilizatoria. Comencemos a fincarla en México.


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https://panycirco.com/editorial/zona-publica/chairo-un-extrano-enemigo
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