Google-play App-store
Monterrey N.L.

Instrucciones al guardaespaldas de Peña Nieto

Me dice Salo Loyo, tecladista y compositor, que para ganar la elección presidencial del 2018, el PRI debió poner como candidato a su jefe, Luis Miguel. Le respondí que ni así. El PRI arrastra una caída en las preferencias electorales con cifras que se antojan irremontables. Ni siquiera con Roberto Madrazo, candidato fracasado si los hay, el partido tricolor marcó tan mediocres resultados en las encuestas previas al día de la elección. Sin embargo, quizá el descrédito popular del PRI se deba más a la actual gestión del Presidente Enrique Peña Nieto que al partido que lo aupó al poder. Ocho de cada diez mexicanos desaprueban a Peña. La corrupción es el peor mal para siete de cada diez mexicanos, por encima del populismo (tres de cada diez).

 

Sin embargo, Peña se obstinó en postular como candidato a un miembro de su gabinete. Bien pudo decidirse por un candidato que no fuera parte de su círculo cercano: un priista no necesariamente afín; un miembro de ese partido que los electores no asociaran de inmediato con él. Por ejemplo, José Narro o Manlio Fabio Beltrones. ¿Hubiera dado mejores resultados electorales Manlio o Narro? Sí, por una razón simple: no se puede estar peor.

 

Esto lo sabía desde un principio Peña: aún antes del inicio de campañas, el PRI arrancó con pésimos augurios. Pero quizá Peña no lo hizo porque se hubiera expuesto a la crítica y los denuestos “purificadores” del virtual candidato priista: Manlio o Narro. Es improbable, de cualquier forma, que el PRI hubiera ganado la presidencia, pero al menos ese partido no estaría en riesgo de desmoronarse, como ahora lo está. La práctica priista de crucificar al presidente saliente no es flor exótica: lo hizo Echeverría con Diaz Ordaz, López Portillo con Echeverría, de la Madrid con López Portillo, Salinas con de la Madrid, Colosio y Zedillo con Salinas y párenle de contar. Era como un ritual con víctima propiciatoria: el Presidente que se va, para entronizar al presidente que llegaba. Todo para proteger al sistema político priista.

 

Manlio o Narro hubieran hecho lo mismo con Peña y el PRI y Los Pinos hubieran salvado la cara. Pero el Presidente no se atrevió a dar el controvertido paso. Prefirió nombrar como candidato del PRI no a un perfil partidista que le echara tierra para luego protegerlo mejor, sino a un personero: José Antonio Meade. Desde esta lógica, Meade fue ungido candidato no para ganar la elección (opción imposible) sino para cubrirle las espaldas, a como diera lugar, a su jefe. Eso explica porqué el priista (que no es priista) nunca se saldrá del estrecho margen que le impusieron y jamás tendrá la mínima autonomía. Eso explica que muestre las garras no cuando lo atacan a él sino cuando atacan a su jefe, el Presidente. El propósito real de Meade es una defensa, no una ofensiva. Meade no es un visionario: es un guardaespaldas

COMENTARIOS
comments powered by Disqus
https://panycirco.com/editorial/zona-publica/instrucciones-al-guardaespaldas-de-pena-nieto
© Copyright P.C. Publicaciones.

Suscríbete para recibir diariamente nuestro boletín informativo