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Monterrey N.L.

Salida, voz y lealtad del Bronco

El interinato de Manuel González significó la resolución de un conflicto. La solicitud de licencia del Bronco detonó la lucha de poder al interior de la clase dirigente. Se equivoca quien vea en esto una pugna entre un gobernante independiente y el establishment. Son simples reacomodos telúricos en las mismas capas del poder establecido.

Albert Hirschman, el gran teórico alemán de la economía alternativa, escribió en 1977 un libro fundamental: Salida, voz y lealtad. Su esquema para resolver conflictos puede servir para entender el interinato de Manuel González. Como candidato independiente, Jaime Rodríguez se apartó del grupo y emprendió una ruta propia para llegar al poder estatal. Eligió la opción de salida

Luego, con su solicitud de licencia, el Bronco tomó la opción de la voz: es decir, la momentánea persuasión del poder central para ser factor de decisión en su sucesor interino. No venció al gobierno federal: le soltaron cordel, que no es lo mismo. 

Sin embargo, siguiendo a Albert Hirschman, en la élite política no existen disidentes que se mantengan a sus anchas en la telaraña del poder. El verdadero disidente se va, el falso disidente replantea los términos de su lealtad: la cobra cara. 

Sin embargo, esta categoría de Hirschman, la lealtad, implica la subordinación tácita o expresa de los intereses individuales a la voluntad del grupo. Tarde o temprano, el establishment vuelve a imponer sus fórmulas de acuerdo. ¿Ha existido alguna vez en el México posrevolucionario el contexto atípico de que el poder pierda y no arrebate? En otras palabras, no hay almuerzo gratis. A mediano plazo, el poder cobrará factura al Bronco. Y tendrá que reembolsar. ¿Cómo? Ya se verá. 


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