Google-play App-store
Monterrey N.L.

Aquella sombra vieja

Escrito por: David Aguiñaga Ruíz 


Nuevamente me levanto en la mañana y la veo, allí esta, una sombra en la entrada de mi cuarto que aparece y se deja apreciar por mis ojos por unos  segundos para luego desaparecer sin dejar ningún rastro,  encogiéndose cada vez más hasta que no se puede ver, una silueta extraña que últimamente me viene a visitar, yo sin tomarle tanta importancia me levanto de mí cama y me preparo para nuevamente iniciar mi día,  comienzo a vestirme adecuadamente para trabajar no sin antes lavarme los dientes y afeitarme en caso de que mi vello facial luzca demasiado vistoso e incómodo, salgo del baño para buscar como  siempre mi traje y corbata los cuales procuro siempre tener muy bien presentables para comenzar con mi trabajo, bajo tranquilamente las escaleras hasta llegar al comedor en donde por lo regular ingiero un cereal o me preparo un huevo dependiendo del antojo y las energías con las cuales me levanto, y  mientras mastico e ingiero los alimentos apreciando el sabor de estos en mi lengua afuera se escuchan los tranquilizantes cantos de los pájaros que se preparan ellos también para comenzar el día, llevo los platos sucios al lavadero y mientras limpio el plato y la cuchara que eh utilizado la vieja sombra que vi en la mañana nuevamente aparece, pero ahora entra con un recuerdo, reflejándose tanto en éste como en aquel pequeño rincón en donde comienzo a enjuagar los utensilios de cocina, también la puedo ver en aquel niño que se interpone en mis pensamientos jugando en una tranquila y pequeña sala con sus juguetes pisando una cómoda alfombra verde, saliéndose del mundo que le rodea para entrar en otro en el cual vuela su imaginación creando nuevas experiencias que no pueden ser vividas por nada ni por nadie más que por aquel que quiera el pequeño niño, mientras tanto en la cocina de la casa en donde éste habitaba, su madre fregando los platos se encontraba, como siempre la recuerdo muy ocupada, realizando los quehaceres mientras que aquel niño quien yo era se pasaba las horas en aquel mundo imaginario creando nuevas aventuras, nuevas clases de personas, seres que nadie conocería y que nadie más podría conocer, estos seres que se van perdiendo poco a poco en el olvido y que con el tiempo pocos de estos vuelven a aparecer, hasta que se van sin dejar rastro apareciendo en algunas ocasiones en recuerdos momentáneos que duraran solo un instante y nuevamente se p

ierden con el tiempo.

Yo termino de lavar los platos y fijo la mirada al reloj que tengo al lado de la estufa para verificar si no estoy retrasado, me asomo en las manecillas y me tranquilizo para tomar las llaves y prepararme para salir de la casa, abro la puerta para salir y la vuelvo a cerrar para dejar sellada mi casa, para que ningún extraño pueda entrar a robar y sentirme tranquilo, de pronto volteo la cabeza para apreciar al viejo Fredo, un gran labrador que me hace sentir más tranquilo ya que confío en su fidelidad para proteger mi hogar, le sobo suave y cariñosamente la cabeza mientras el labrador viejo y un tanto cansado mueve la cola y cierra lentamente los ojos mientras me doy cuenta que no le he servido su comida al gran Fredo, agarro la bolsa de comida en una pequeña mesa que se encuentra medio escondida en la cochera que contiene pequeñas chucherías que de pronto utilizo para limpiar algunos objetos o realizar algunas labores de limpieza, mientras cargo la bolsa y se empiezan a escuchar los crujidos de las croquetas el viejo Fredo se vuelve a llenar de vida y me persigue moviendo su cola con mayor intensidad esperando a que su amo inserte la comida en su plato y cuando lo hice Fredo se empezó a embutir con las croquetas, asegurándome también a mí la tranquilidad de que ya no me faltaba hacer nada y poder arrancar el auto para irme a trabajar, cerré la puerta del Jetta blanco y arranqué, las avenidas estaban prácticamente vacías, sin embargo, uno que otro auto me arre basaba rápidamente cuando ni siquiera había tráfico, haciéndome pensar en el porque la gente vivía tan apresurada, aunque como bien se dice cada cabeza es un mundo, nunca entendí el porque la gente vivía tan apurada si la vida pasa demasiado rápido y es mejor disfrutar el día con día, mientras manejaba volvía nuevamente aquella vieja sombra, ésta vez aplastada por el sólido cuerpo de un niño de 10 años que se la pasaba corriendo y persiguiendo a sus amigos en su antiguo vecindario, el niño no tenía ninguna preocupación, a su derecha se encontraba quieto Erick, el mejor amigo de su infancia, quien esperaba que aquel niño realizara algún movimiento para continuar con el juego, junto con aquel niño se movía rápidamente aquella vieja sombra, pero esta vez con un aspecto más jovial y fresco, el calor del sol acariciaba la piel de aquel niño y de sus amigos y hacia que la sombra se hiciera más grande y extensa reflejando felicidad y alegría al verla, al ver los movimiento agiles que aquella silueta que se movía y corría ágilmente por la calle en medio de las casas de aquella vieja colonia que la vieja sombra me rebelaba en ese momento.

Después de unos veinte minutos me encontraba en el estacionamiento de aquel gran edificio, en donde entraban diversos camiones llenos de cargamento, fijé la vista para encontrar un lugar ideal para quedar cerca del edificio y no tener que caminar tanto para entrar y salir, llegue demasiado temprano, tanto que solamente se encontraban los encargados del aseo que llegaban por lo regular media hora antes que yo para iniciar con su labor de dejar las oficinas y pasillos limpios para que así los empleados realicen adecuadamente sus labores, abrí la puerta y subí las escaleras para poder llegar a mi oficina e iniciar con mi trabajo, el cual no es muy interesante pero es en lo que me entretengo la mayor parte del día ya que no hay muchas cosas que hacer en mi casa más que encender la televisión en la cual dan las mismas porquerías aburridas de siempre que no dejan muy buenos mensajes a los televidentes, simples anuncios y programas sin sentido siendo los documentales los programas por los cuales vale la pena pasar el rato viendo la pantalla, ya en la tarde el edificio se empieza a llenar y la actividad de los trabajadores es más notoria que en las mañanas, como siempre yo me quedo hasta el turno nocturno en el cual siempre soy el último en salir del trabajo.

 Llega la noche, no hay nada más que oscuridad mi vieja amiga siempre me persigue, me levando de mi silla para agarrar las llaves y de paso me despido del velador, salgo para dar en el estacionamiento en donde encuentro mi Jetta, solo y abandonado como de costumbre, doy

pequeños y lentos pasos para acercarme poco a poco a éste, abro la puerta y entro lentamente para sentarme y poner mis manos en el volante, recorro aproximadamente la misma distancia de la mañana, si no es que menos tiempo para llegar a mi hogar, veo aquella casa un poco vieja y con una cochera cerrada, se puede apreciar al viejo Fredo saltando y esperando a la llegada de su amo, al cual ya lo reconoce desde siempre, mientras que éste se está estacionando y abriendo la puerta de su auto, entro tranquilamente y acaricio al perro viejo y animado, contento y tranquilo por ver nuevamente a su amo, después de unos minutos su amo deja de acariciarlo, procediendo a entrar a su casa y una vez adentro, éste comienza a buscar rápidamente su cama para volver a repetir su ciclo prácticamente obsesivo.

Subo por las escaleras agotado por estar demasiado tiempo en aquel edificio y me tumbo en la cama no sin antes tomar una ducha caliente y relajante, me hundo entre las sabanas y de pronto me encierro en mis pensamientos hasta caer rendido en un sueño profundo en donde nuevamente aquella vieja sombra vuelve a tomar miles de formas, reflejando quizás a aquel pequeño y despreocupado niño, nuevamente sonriendo y jugando, en un mundo sencillo y sin preocupaciones.

Pasa bastante tiempo, aquel hombre que una vez veía aquella vieja sombra se refleja una vez más en la habitación, como aquella vez que se reflejó en aquel momento recordándole su pasado ahora el hombre envejece, sin preocupaciones ni mortificaciones el hombre se concentra en aquella sombra que antes no le daba tanta importancia saludándola amablemente, viendo a su mejor amigo, aquel que lo ha acompañado siempre, el hombre, canoso, con arrugas y débil le dirige ahora unas palabras a aquella silueta:

-Hola, ¿Cómo éstas?

Y sorpresivamente la silueta le responde:

-Muy bien, como siempre, viejo amigo...

 

 

 


https://panycirco.com/la-plaza/g/aquella-sombra-vieja
© Copyright P.C. Publicaciones.

Suscríbete para recibir diariamente nuestro boletín informativo