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Monterrey N.L.

Los retos de la mujer en el siglo XXI

Lizbeth Gutiérrez Obeso

Coordinadora General y editora del

Centro de Estudios Parlamentarios (CEP)  de la UANL

Twitter: @Politologa_Liz

 

Con la globalización, los avances de la tecnología y el acceso a la educación que ha tenido la mujer desde mediados del siglo pasado su papel ha cambiado. De ama de casa –al cuidado y formación de los hijos– a todóloga, que lo mismo  debe responder a las exigencias del marido, las del jefe en el trabajo, las de los hijos en casa, de Hacienda en el pago de impuestos y, ¿por qué no?, del capacitador (a) asistente electoral en época de elecciones, si acaso resulta insaculada. Es decir, por fortuna en el siglo XXI es más aceptable ver a la mujer fuera de casa, sí, pero aún no ha podido disponer de un marco jurídico que la auxilie en su calidad de vida de manera certera.

Pareciera que la capacidad de respuesta inmediata de la mujer contemporánea la ha reivindicado y liberado, pero en el fondo se enfrenta a una estructura que sigue siendo eminentemente patriarcal. Y no se trata de una crítica feminista lanzada al aire, sino de una invitación a reflexionar y a abogar por una política pública que, desde lo local, la impulse para dejar atrás las formas de pensamiento que actualmente operan en el inconsciente de la sociedad; por ejemplo, cuando existe desintegración familiar, infidelidades o una casa desordenada, automáticamente se piensa en el mal papel que está desempeñando la mujer, ya sea jefa de familia o no. En la oficina –de gobierno o de la iniciativa privada– generalmente se habla de lo bien que desempeña su trabajo y eficiencia, honestidad y organización que se le reconocen como atributos, pero ¿qué pasa a la hora de corresponderle en puestos de mayor responsabilidad? En la Cámara de senadores, 43 de 128 representantes de las entidades son mujeres, 8 de 72 ayuntamientos en Sonora son gobernados por alcaldesas, etc. Todo esto no es sino resultado, en primer término, de la disparidad que existe en el trato hacia las mujeres que deciden ser madres y profesionistas, de las que deciden ser madres solteras, de las que optan por su desarrollo profesional en detrimento del personal o bien de aquellas que optan por el modelo tradicional de familia.

El trillado discurso de equidad e igualdad de género se queda corto cuando, en medio de las diferencias biológicas, no existe para la mujer un trato justo por su condición natural de incubadora. Los grandes retos para la mujer del siglo XXI siguen siendo –como para las mujeres que le antecedieron– un cambio en la mentalidad de la sociedad, donde pueda ser regla y no excepción que una mujer obtenga altos cargos en lo público y lo privado, donde no se le vea como un objeto al que se puede usar y desechar, poseer o golpear y donde, en definitiva, se le identifique como lo que es: un ser humano en igualdad de derechos y capacidades con el hombre.

Para ello habría que re-pensar la educación y la distribución del trabajo, reconocerle a la mujer la libertad de elegir la pareja de su preferencia, de pensar, de asumir las consecuencias de sus actos. Sin embargo en las comunidades es posible notar que la mujer rara vez es capaz de percatarse de las causas de su opresión y trabajar por la reivindicación de sus derechos. Si corre con suerte y se le educa es sólo mientras se casa, si no se casa algo debe andar mal con ella y si algo anda mal con ella entonces es de dominio público (todo el pueblo se entera).

¿Qué debe, entonces, hacer la mujer contemporánea para superar sus variados obstáculos? Entre otras cosas, trabajar en redes:

·      Calle por calle la unión hará la fuerza: si unas trabajan y otras se quedan en casa es posible, en primer término, buscar capacitación para la apertura de guarderías o el desarrollo de habilidades artísticas y culturales con las cuales entretener a los hijos de las vecinas y así, a la vez que provee a los niños y jóvenes de una guía sana para la convivencia puede ser también una entrada extra de dinero para quien pensaba que la expresión “ama casa” se limitaba al interior de esas paredes.

·      Rubro por rubro reforzarán la labor en tierra: las que trabajan en incubadoras de empresas, las que se dedican a bienes raíces, las deportistas, las psicólogas, las ecologistas, las antropólogas, las doctoras en medicina, las costureras, las empresarias en la industria de la transformación, las abogadas, las comunicadoras, las politólogas… y, sobre todo, aquellas empoderadas que cuentan con la infraestructura, recursos públicos –humanos y materiales– y puertas abiertas para llevar a cabo planes estratégicos en los distintos órdenes de gobierno pueden coadyuvar con aquellas para quienes un elemental y necesario examen Papanicolaou o de exploración de senos están prohibidos.

El trabajo en red con ayuda de los avances de la tecnología optimiza recursos y economiza energía a la par que regenera el tejido social y eleva la calidad de vida. Desafortunadamente aún no existe un frente común consolidado por parte medios de comunicación e instituciones para promover los programas gubernamentales y/o de asociaciones civiles que ayudan a vivir como una lo desearía. En contraste, los temas abordados son modas que al paso de los días se olvidan. Por eso es que para el caso específico de superar los retos de la mujer en el siglo XXI son las mismas mujeres quienes, con creatividad, deben echar mano de todos los recursos que este avanzado siglo brinda: en cuestión de segundos es posible compartir un acto de violencia doméstica en twitter o un curso de defensa personal por youtube. Las distancias, falta de recursos económicos o la edad no son motivos para quedarse sentadas. Si algunas han podido es porque tomaron la iniciativa y se esforzaron por llevarla a cabo. El primer paso es definir la meta, los que le siguen son tocar puertas, informarse y no quedarse de brazos cruzados. Las grandes batallas de la historia se miden por pequeñas acciones y por etapas. Las de la auténtica liberación de la mujer aún no se han escrito.

 

 


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