
Pedro Ocañas para Pan y Circo
En Nuevo León, el medio ambiente se ha vuelto protagonista del discurso político. Todos hablan de sustentabilidad, de energías limpias, de ciudades verdes. Nadie se declara en contra de un aire limpio, pero el problema no está en lo que se dice, sino en lo que se tolera.
Mientras el gobierno promueve áreas verdes, como el Parque del Agua, la realidad es otra: una de las zonas más industrializadas del país, con altos niveles de contaminación y un crecimiento urbano que parece no tener freno ni planeación.
La contradicción es evidente. Por un lado, se anuncian campañas para plantar miles de árboles; por el otro se autorizan desmontes de cerros para nuevos desarrollos inmobiliarios.
El discurso verde funciona: es moderno, es políticamente rentable y conecta con una ciudadanía cada vez más preocupada por el medio ambiente.
Pero el verdadero dilema no es técnico, es político. Porque gobernar en serio implica elegir, y en Nuevo León, durante años, la balanza se ha inclinado hacia el crecimiento económico, incluso cuando ese crecimiento compromete la calidad de vida.
La factura tarde o temprano se paga y por lo pronto se da a conocer que el problema ya alcanzó a los niños, de entre 1 y 6 años.
En un estudio reciente se analizaron mil 239 niños de Centros de Desarrollo Infantil (CENDIS) y se reveló que 329, un 27 por ciento, tenía plomo en la sangre y de ellos 83 presentaron niveles altos que requieren atención médica.
Es un dato alarmante. El plomo no debería estar en el cuerpo humano. Afecta el desarrollo
cerebral, puede causar problemas de aprendizaje, alteraciones de conducta y daños permanentes en la salud.
El estudio confirma un problema serio de salud pública en el área metropolitana de Monterrey
que ni la Secretaría de Salud y ni la Secretaría del Medio Ambiente deben tratar esto como un
tema secundario.
Es evidente que en la Ciudad existen zonas donde los altos índices de contaminantes están
afectando la salud de la población.
Una de las principales funciones de la Secretaría del Medio Ambiente, a cargo de Raúl Lozano Caballero es enfocar acciones para el mejoramiento de la calidad del aire.
El problema persiste porque ha sido tolerado, no se trata de un accidente: es la suma de omisiones, regulaciones que no se cumplen, controles que no se aplican y prioridades que se
posponen.
Mientras tanto, la ciudad respira lo que puede… y los ciudadanos también.




