
Por Jacques Mattes “La Jugada Maestra” para Pan y Circo MX
Ajusto el ala de mi sombrero de ala ancha, respiro profundamente bajo la máscara ajedrezada en blanco y negro, y observo cómo se tejen las intrigas del poder desde las alturas hasta los sótanos de la política norteña.
Lo que ocurre en Nuevo León no es un simple tropiezo electoral; es una radiografía perfecta de la miopía centralista y de la peligrosa obsesión por priorizar el sometimiento de los suyos por encima de la supervivencia ante el adversario. La designación de Clara Luz Flores como coordinadora de la Defensa de la Transformación no responde a una estrategia de victoria, sino a una línea de contención interna. Se premia la disciplina de aparato, se blindan las capillas de la lealtad y se entierra, con palada solemne, cualquier cálculo de competitividad real en uno de los tableros más complejos y celosos de la geografía nacional.
Los números, fríos y testarudos, no perdonan las inercias del pasado. Recordar el descalabro de 2021 no es remover cenizas por capricho, sino constatar que los agravios y los fantasmas públicos, como aquel episodio ligado a NXIVM, siguen pesando en el ánimo de un electorado que castiga con memoria de elefante. Las cifras de octubre de 2026 lo gritan sin ambages: con Mariana Rodríguez al frente en las preferencias, y con un bloque opositor que se rearma con colmillo afilado, imponer a una figura con un techo de rechazo tan pronunciado es tanto como regalar la plaza antes de doblar las sábanas.
Pero el síntoma más alarmante no habita en las encuestas, sino en la fractura abierta al interior de las propias filas. Cuando perfiles de peso político comprobado levantan la barda y alzan la voz para rechazar una imposición que huele a dedazo central, el movimiento se autoinflige una herida letal. Fracturar el tejido local, descarrilar el armado de las alcaldías clave como Monterrey y empujar a los aliados históricos, como el Partido Verde o el PT, a coquetear con la soledad electoral por puro instinto de supervivencia es una jugada temeraria. Es la soberbia convertida en método.
Aquel que pretenda gobernar o influir desde los tableros de Nuevo León sin entender la fibra y la altivez de la identidad regional comete un error de cálculo histórico. La llamada «vocación regia» no tolera los dictados que llegan empaquetados desde el centro del país; huele la tutela a kilómetros y reacciona cerrando filas contra el agravio.
Lo que está en juego de cara al 2027 rebasa con mucho la anécdota de una candidatura: se trata de la capacidad de incidir en el rumbo industrial, en la seguridad y en la infraestructura del motor económico de México. Apostar por el control interno a costa de entregar la competitividad es un lujo que la llamada cuarta transformación no puede permitirse sin pagar una factura catastrófica.
El margen se angosta y el reloj corre. Queda por verse si la dirigencia nacional tiene la sensatez de rectificar a tiempo o si preferirá consumar la unidad a fuerza de porrazos. La historia de estas tierras norteñas nos enseña, sin excepción, que el boleto del autoritarismo siempre se cobra al contado y con intereses muy altos.
Jacques Mattes





