Luis Padua con Pan y Circo

La industria ya no puede esconderse

By mayo 20, 2024No Comments

PAN Y CIRCO – Opinión Editorial

Atrás quedaron los tiempos en que las industrias privadas de Nuevo León podían vivir en un relativo anonimato, existiendo bajo lo que suele llamarse un “bajo perfil”, casi desconocidas ante la opinión pública.

Hoy, en una época en que la urbe regiomontana vive una creciente -e inédita- concientización sobre los daños a la salud de la contaminación del aire, que además está en niveles alarmantes, cualquier fábrica que arroje considerables emisiones a la atmósfera, sean de la naturaleza que fueren, mientras éstas sean visibles o palpables -como suele llamarse, “ostensibles”-, dicha planta estará bajo el inevitable escrutinio público y mediático.

Y no está mal, en lo absoluto, que eso ocurra: una actividad que desde varias ópticas puede considerarse “privada”, como la de las empresas con actividad industrial, se vuelve también “pública” desde el momento en que sus acciones tienen un impacto en el medio ambiente y en la salud de los habitantes circundantes.

Sus procesos, sus tecnologías y demás “secretos industriales” podrán ser privados, en defensa de su seguridad y de los derechos que comparte con cualquier ente privado; pero sus alcances e impacto en su entorno ya no pueden ser enteramente “discretos”: la ciudadanía tiene derecho a saber qué le está arrojando la industria vecina, y sobre todo, a exigir que dicha industria cumpla con las normas ambientales y no nos enferme, contamine o eventualmente nos auto destruya.

Es sabido que a los empresarios no les gusta estar expuestos a los reflectores y la lupa pública.

Sin embargo, más les valdrá ahora a los capitanes de las industrias regias -y extranjeras que operan en NL- el prepararse para que sus firmas lidien con las presiones mediáticas y las de la ciudadanía organizada (activistas, ONG’s, etc), porque si no están preparados enfrentarán crisis constantes que pueden ponerlos en serios problemas de imagen pública, mismos que pueden traducirse en complicaciones con impactos económicos o de competencia internacional.

En Nuevo León estamos escuchando cifras escalofriantes sobre toxicidad de nuestro aire. Este año, cuando menos una vez se consignó que la metrópoli de Monterrey alcanzó el grado de la ciudad más contaminada del mundo.

Y si bien fue un status momentáneo, en general nos ubicamos como una de las metrópolis más contaminadas de América Latina.

A la par, la consigna de culpar a la Refinería de Pemex Cadereyta de todos los males de contaminación fue tan repetida -por claras consignas enviadas desde la IP- que terminó por empalagar a una ciudadanía bastante consciente de que también las industrias privadas tienen una participación fundamental en la contaminación de la urbe regia.

En el radar han aparecido nombres de empresas como Iberdrola o Ternium, entre las más contaminantes de Nuevo León. Tan sólo Iberdrola contamina 4 veces más que la Refinería de Cadereyta en cuanto a emisiones de CO2, mientras que Ternium contamina casi a la par de Pemex.

Además, surgen otros nombres de industrias menos grandes y menos conocidas, pero que los vecinos ubican bien y ahora cuestionan como nunca antes: Una Álcali -de Grupo Vitro-, en García Nuevo León; o Arzyz, en Apodaca; O Daltyle, en Santa Catarina.

Y por más que algunos privados, en un afán por seguir rehusando su contribución a la mala calidad del aire, empujen mensajes en el sentido de que las emisiones de CO2 “no son contaminantes que deban tomarse en cuenta”, que porque el CO2 daña la atmósfera “pero no directamente la salud de los ciudadanos”, ni así podrán convencer a una ciudadanía que está lejos de aplaudir el CO2.

Agréguese esto: las industrias en Nuevo León -un estado de espíritu emprendedor, con gente agradecida con las empresas de antaño- eran vistas en buena medida como dadores de empleo, como entes positivos; esto es, eran en términos de percepción “los buenos de la película”.

Pero en esta era postmoderna, en pleno siglo XXI y con la contaminación al tope, las industrias comienzan a pasar del lado del “malo de la película”. Es posible ahora verlas como entes egoístas que hacen dinero a costa de nuestra salud y de dañar el medio ambiente.

Y el discurso de “primero los pobres” y en contra del “conservadurismo fifí” de la actual administración federal no ayuda nada a defenderlos o redimirlos.

Por eso más que nunca, los industriales de Nuevo León tienen que pensar en que ya no pueden existir sin comunicación. Saber comunicar les será tan importante como saber producir.

Y claro, lo más importante, deben reevaluar su viabilidad frente a la impostergable exigencia de sostenibilidad. O son sostenibles o, cual entes non gratos, serán llamados a rendir cuentas o a su eventual destierro de la urbe regia.