Félix Cortés Camarillo para Pan y Circo

Zócalo y signos. Según la Real Academia de nuestra lengua, un signo es un “objeto, fenómeno o acción material que, por naturaleza o convención representa o sustituye a otro”. En arquitectura, el zócalo es el basamento, una pieza redonda sobre la que se erige una columna. Por una metonimia, más bien sinécdoque, , le llamamos zócalo a la cenefa, el friso que corre delgado y largo en todas las paredes, a raíz del piso.

Pero una columna enorme, un obelisco, en el centro de la plaza mayor de nuestra capital, comenzó a construir don Lorenzo De la Hidalga, quien había ganado el concurso a que convocó con ese fin Antonio López de Santa Anna en 1843. El señor De la Hidalga solamente alcanzó a hacer el basamento, el zócalo. En eso quedó. Y de ahí el término pasó a denominar la plaza entera. Que, por cierto, oficialmente se llama Plaza de la Constitución desde 1813 porque ahí se juró la Constitución española de Cádiz.

Pero ese es otro arroz.

Lo cierto es que ayer, por una conjunción de símbolos y realidades, la plaza mayor de nuestra capital, ese Zócalo, se vistió de numerosas simbologías. Especialmente de la realidad que vivimos los mexicanos con este gobierno.

La plancha de concreto entera, para la que había sido concedida por el gobierno de la ciudad a los organizadores de la llamada marea roja, estaba semi ocupada por el plantón de los maestros de la CNTE. DIVIDIR  a los mexicanos ha sido la columna vertebral de la presidencia de López, su credo fundamental y su estrategia más eficiente. Gracias a la prudencia y buen seso de uno y otro grupo, hasta donde llega mi noticia, no se dio momento alguno de discrepancia verbal y menos de enfrentamiento físico. Miento: no fueron los grupos, fueron los individuos.

Ese es otro signo. Los marchantes, sin contar a los profesores respetables de la CNTE, nunca fueron una masa informe y acarreada como pretende la propaganda del gobierno. Todos y cada uno, incluyendo mi querida mujer, acudieron en su sede a manifestarse libremente porque les dio su chingada gana. Ese es otro rasgo que define nuestra realidad actual: de alguna forma tiene razón lopitos: vivimos una revolución de las conciencias. La gente piensa y hace. Y hace lo que quiere y ha razonado.

Me preocupa otro signo, porque eso es lo mío, la comunicación.

No me importa la contabilidad de los cuentachiles. Los de la marcha dicen que en el DF hubo un millón. El señor Martí Batres dirá que fueron doce mil. Me vale madres. Lo que no me vale es que una noticia de esta magnitud, una convocatoria ciudadana, una manifestación política masiva y nacional no mereciera en los medios -que el presidente López califica un día sí y el otro también de desinformación- la atención noticiosa que merecía.

Yo quería estar informado puntualmente del desarrollo de las manifestaciones. La televisora Azteca, que es una presa deseada por Lopitos y sus verdugos fiscales, dedicó su frecuencia a transmitir, con ostentoso despliegue técnico, una “rodada” de motociclistas de noble intención, en favor de la prevención y atención de la prostatitis y atención del cáncer de próstata. Indudablemente noble e importante. Y yo andaba como pendejo buscando señales que me dijeran cómo iba la marcha en Veracruz o Sinaloa o Monterrey.

Los únicos dos discursos pronunciados ayer en algún lado, que me dijeron era el Zócalo, fueron de Santiago Taboada y Xóchitl Gálvez. Los dos fueron excelentes piezas de oratoria y de planeamientos sólidos. Yo los resumo en la confrontación de los vacuos y olvidados “slogans” de López (no robar, no mentir y no traicionar) y los compromisos de Xóchitl, con la que desde ayer comprometí mi voto: vida, verdad y libertad. Nada más que en la tele yo escuchaba la voz de los cantantes, pero no veía su imagen; solamente había panorámicas bellas de la multitud. No quisiera pensar que eso fue por una “sugerencia” del Palacio Real.

Ayer, el presidente López perdió uno de sus más vitales signos, el Zócalo. De alguna manera, perdió otra pieza que consideraba suya, el gobierno de la capital.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): Quiero expresar a tiempo mi temor, nacido de mi esperanza. La oposición a Morena, así de contrahecha, incluyendo truhanes y pendejos, ganará la elección presidencial el 2 de junio. Mi temor es que Lopitos se monte en su burro, desconozca el resultado de los comicios y dé el “golpe de Estado técnico” que tiene semanas anunciando. ¿Qué harán los de verde olivo?

felixcortescama@gmail.com