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Qué alegría y que pena

By junio 17, 2024No Comments

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CHAVA PORTILLO

En la nueva parcela política desde hace buen tiempo damos cuenta con mucha pena que existe sequía extrema, dejando atrás la época de los grandes dinosaurios sagrados que tanto se criticaron por haber sobrevivido setenta años en el poder, enterraron ese oficio creando un vacío imposible de llenar.   Quieran o no, deje usted al margen al cocodrilo de Macuspana y el menú de lideres políticos se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos.

La estirpe y linaje de personajes en la estatura de Alfonso Martínez Domínguez, Fidel Velásquez, Gutiérrez Barrios, Jorge Treviño, Porfirio Muñoz Ledo o Diego Fernández de Ceballos dejan claro que calzaban muy grande y los zapatos que han dejado son muy difícil de llenar con peladitos rampulientos aprendices de lideres en papel crepé que con las primeras gotas de un aguacero se diluyen, ya no hablemos de tormenta.

Ricardo Monreal, Rubén Moreira y su hermanito, Santiago Creel, Vicente Fox, Enrique Peña Nieto podrían sumarse a una lista interminable de pazguatos que no rebuznan porque no saben la tonada y si continúan en la marquesina del vodevil es porque los demás son bastante más opacos.   Hubo otros que han deseado sublimarse, pero no dan el do de pecho, como Marcelo Ebrard o Manlio Fabio que tenía todo, pero le falta lo que al carrizo, corazón.

De la nueva hornada de soñadores, son nones y no llegan a tres.    Haga una lista y ponga el nombre del charro de Jalisco Enrique Alfaro y cierre el libro de los deseos porque se agotó la fuente que nunca debiera.    El casi exgobernador acostumbra caminar con mesura porque corre el riesgo de tropezarse con las dos razones que carga en medio de las piernas, suele hablar muy espeso y eso, al menos a este reportero, le agrada que no tenga pelos en la lengua.

De la gente menuda, poco o ningún caso tiene gastar tinta y papel.    Los que guardaban ilusión en muchachos como Luisín Donaldín ya destruyeron su quinela, porque si tuvieran algo al menos de Rodrigo Medina sacarían el buey de la barranca, pero estos mozalbetes, suelen decir en el argot popular, no me gustan ni pa mucho, ni pa poco y es el caso de Samuelito, el más pillo y extravagante de todos los prospectos que aparecieron en la baraja de juventudes con sueños de grandeza que basaron todo en el color de unos tenis y una noche de cerveza con tequila reposado.   Ah, olvidaba sus tres doctorados y muchos libros editados.

Muchos, incluido el de la pluma, elucubramos que parecía haber nacido el embrión que nos sacaría del pantano, dicho sea, con todo respeto, como suele decir el barbaján.   Pero no, siguió Chon con calentura, porque además de bribón y sabandija, añada usted un par de defectos que los otros no tenían, cinismo y arrogancia.

Sami conocido en el argot popular como mentiroso-mentiroso por razones obvias, además de no saber y presumir imposibles, se jacta de sus abusos y atropellos como la colección de relojes caros, los autos millonarios, las seis residencias adquiridas no hace mucho, rematando con el terreno que en “dación” le entregó Gentor, la firma de Javier Garza Calderón el manitas, por servicios -léase favores- de gestoría ante los mastines de Hacienda y Crédito Público

Con esos bueyes nos tocó arar, dijo el campesino y al menos, estos ojos que se los comerán los gusanos, ya no alcanzarán a ver la nueva generación de hombres brillantes que con preparación “Harvariana” no alcanzaron a modestos estudiantes de escuelas de gobierno.

minutochavaportillo@gmail.com