Luis Padua con Pan y Circo

Atentado a Trump y las conspiraciones

By julio 16, 2024No Comments

PAN Y CIRCO – Opinión Editorial

No tardaron en desatarse todo tipo de sospechas y versiones “conspiratorias” sobre el atentado al candidato presidencial republicano Donald Trump, luego del impactante ataque en su contra tras un mitin público en Pennsylvania.

Que si fue un autoatentado, que si fue un ataque planeado por sus rivales… o sólo, como parece indicar la versión oficial hasta el momento, un atentado cometido por un atacante solitario.

Es cierto que hoy en día contamos con una sociedad que se atreve mucho más a “pensar mal”, esto es, que es altamente suspicaz frente a las versiones de los gobiernos, los políticos o, más concretamente, de las fuentes o entes de los que desconfía, y eso incluye hasta a medios de comunicación establecidos.

Es más, es una realidad que en el propio Estados Unidos hay un gigantesco descrédito, y sobre todo desde la trinchera política “pro-Trump”, hacia la “big Media” dominante, a quienes acusan de ser medios aliados de la ola “progresista” o liberal, generalmente demócrata, de ese país. Y desde la otra trinchera, justamente la liberal y demócrata, hay un gran descrédito hacia lo que pueda afirmar Donald Trump o sus aliados. Vemos una polarización extrema y una desconfianza extrema hacia las explicaciones “oficiales”.

En México no estamos tan lejos; hemos aprendido a desconfiar, en especial de gobiernos y políticos, y nos permitimos como nunca antes pensar que puede haber verdades ocultas “tras bambalinas”.

¿Pero existe acaso la posibilidad de que el atentado de Trump oculte algo más? No cabe duda de que, de inicio, el que haya salido vivo del suceso fortalece más que nunca al republicano, lo que desata en muchos la inevitable suspicacia de si se trató de un “montaje”.

Pero, a ver, analicemos estas posibilidades con seriedad. Partamos de cuáles son las principales teorías suspicaces de este de por sí terrible suceso.

1.     ¿Un autoatentado?

Si bien a simple vista pareciera hacer sentido la posibilidad de un montaje o un auto atentado planeado por la propia trinchera afín a Trump, debido a la fuerza que le otorga a su nominación al aparecer como una “víctima”, y mejor aún, como un “valiente sobreviviente a un atentado”, al analizar con cuidado resulta muy difícil poder explicar las cosas desde esa perspectiva, esto es, sostener una afirmación así.

De inicio, para quienes pensaron que quizá Trump no recibió tiros de arma de fuego, y que la sangre en su rostro pudiera ser algún efecto especial, lo cierto es que un bombero que estaba cerca de Trump sí recibió un impacto y falleció por ello. Entonces, sí hubo disparos y fueron reales.

Pensar que Trump pudiera haber escenificado esto, arriesgándose a que las balas realmente lo impactaran, no suena en lo más mínimo posible y pone en entredicho dicha teoría.

Que el asunto podría haberse resuelto de otra manera, pues también es difícil de explicar, con toda esa seguridad presente, y un Servicio Secreto que por más que él le tenga cercanía, finalmente es controlado por sus rivales políticos, ya que depende del gobierno que encabeza Joe Biden.

La teoría del autoatentado, con la información que existe disponible, resulta bastante descabellada y muy poco sostenible.

2.   ¿Atentado “fallido” de sus rivales?

La otra posibilidad, que también suena fuerte, especialmente en Estados Unidos, es que se hubiese tratado no del ataque de un “loco” solitario, sino de algo organizado por quienes no quieren ver llegar a Trump al gobierno, y que hubiese terminado fallando.

Obviamente lo primero que alimenta esta teoría es la estrepitosa falla de los servicios de seguridad del lugar, incluyendo al Servicio Secreto.

Pensar que Thomas Mathew Crooks pudiera haber sido influido o manipulado por fuerzas externas es una tentación poderosa entre los seguidores de Trump, pero aún así no parece haber ningún indicio de peso para poder documentar esa posibilidad.

Las características psicológicas de Crooks lo retratan mucho más como el tipo de persona aislada, que acumula odio y rencor y que tiene acceso a un arma, y por lo tanto decide hacer lo que él cree es “tomar justicia por mano propia”, y eso se ve más factible que acceder a un complejo plan elaborado por un tercero.

Crooks vivía en un barrio de “clase media alta” y sus necesidades no eran económicas.

Ahora, es cierto que Trump es un personaje que no pertenece al sistema, que no viene apoyado por los poderes fácticos tradicionales que por décadas han arropado a la mayoría de los demócratas y los mismos republicanos.

El propio Trump se declara enemigo de eso que identifica como el “Deep state” americano, en referencia a fuerzas económicas que controlarían las decisiones gubernamentales de Estados Unidos tras bambalinas.

Aun así, en estos pocos días posteriores al ataque, no hay tampoco ningún indicio o pista clara que pudiera apuntar a una conspiración detrás de este ataque.

Al menos no hasta ahora.

Lo único que tenemos cierto hoy es que la carrera presidencial en los Estados Unidos vuelve a ser peligrosa.

Y decimos vuelve a ser, porque no es la primera vez que atentan contra un candidato o un presidente estadunidense. De hecho ha ocurrido 12 veces en los últimos dos siglos, incluyendo los atentados contra Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt, Franklin Roosevelt, John F Kennedy, Robert F Kennedy, George Wallace, Gerald Ford, Ronald Reagan y George W. Bush.

Atentados en los que cuatro presidentes y un candidato fueron asesinados en actos públicos. Así que se trata de un país donde, al menos en términos de historia, los magnicidios ocurren, y las explicaciones detrás de los mismos se mantienen bastante oscuras.