Luis Padua con Pan y Circo

México: ¿Democracia o Dictadura?

By agosto 22, 2024No Comments

PAN Y CIRCO – Opinión Editorial

El dictamen del INE que daría un 73% de representación a Morena, Verde y PT en la Cámara de Diputados para el próximo período legislativo que corresponderá al sexenio de Claudia Sheinbaum, ha generado olas de indignación y rechazo, especialmente, por supuesto, entre quienes no simpatizan con estos partidos.

Hay quien califica el nuevo entorno político como una “dictadura” y no una “democracia”, y voces como la del historiador Enrique Krauze afirman que hay el riesgo de “una regresión histórica, con un poder absoluto”.

A ver… Lo primero que tendríamos que preguntarnos es lo siguiente: Si el 60, o el 70, o el 80% de los electores en una determinada votación, coinciden en votar por el mismo partido, ¿a partir de ese momento se pierde la democracia y se transforma en dictadura?

La respuesta es NO. Evidentemente, si esos electores votaron por decisión y voluntad propia y coincidieron en preferir al mismo partido, el hecho sigue siendo un acto democrático. Es más, podríamos argumentar que es un escenario favorable en muchos sentidos, pues si es más alto el consenso y las coincidencias, ese resultado garantiza mayor gobernabilidad.

No es lo mismo, ni es comparable, hablar del PRI de los años cincuenta, sesenta o inclusive setenta, cuando en México las elecciones eran casi una simulación, la voluntad popular realmente no era tomada en cuenta, la censura para la oposición era férrea, no había espacios de maniobra para opositores y no tenían ni siquiera oportunidad de expresarse en casi ningún medio de comunicación, pues todo estaba controlado por un Estado prácticamente absoluto.

Hoy, las diferentes opciones políticas emiten sus voces tronantes y sonantes a través de la amplísima diversidad de espacios mediáticos tradicionales y digitales, incluyendo las redes sociales, que permiten a todos los mexicanos conocer y decidir soberanamente por quién van a votar. Cuando en ese entorno, un partido obtiene una amplia mayoría de los votos, se trata de un triunfo incuestionablemente legítimo, que a muchos puede no gustarles, y en su derecho están, pero resulta absurdo afirmar que hay una regresión a esquemas dictatoriales; se trata de una expresión democrática, bien o mal razonada, pero absolutamente democrática al fin.

¿Qué pensarían quienes hoy se quejan, si el resultado hubiera sido al revés? ¿Si los diputados del PRI-PAN-PRD hubieran obtenido una mayoría calificada y la presidenta electa fuera, por ejemplo, Xóchitl Gálvez, con los mismos números que tienen hoy Sheinbaum y Morena? ¿Acusarían que hay riesgo de retornar al autoritarismo dictatorial? ¿O se trata de descalificar solamente cuando no gana el candidato por el que simpatizan?

Hay un argumento interesante de la oposición, y es este: afirman que, en promedio, los partidos de la 4T obtuvieron un 54% de los votos en las urnas, mientras que los del PRI-PAN-PRD obtuvieron un 30%, y que, sin embargo, en el Congreso ahora la relación será 73% contra 27%, lo que les parece desproporcionado e incorrecto.

Pero aquí habría que agregar dos puntos: Uno, que el cálculo de la representación proporcional (los “pluris”) tiene una aritmética distinta, que no refleja necesariamente el dato exacto de las urnas, para así compensar a los mejores “segundos lugares”, entre otros objetivos. Y lo más importante: que con esas mismas reglas se ha elegido al Congreso en las últimas dos décadas. ¿Por qué ahora mismo se critican las reglas que antes fueron avaladas por la propia oposición? ¿Sólo porque ahora no les favorecieron?

Y dos. El resultado específico de los distritos electorales federales fue este: los partidos Morena, Verde y PT ganaron 256 de 300 curules, o sea obtuvieron un 85% de la preferencia en términos de diputados federales. Si en el resultado final la 4T obtendrá el 73% del Congreso, termina teniendo MENOS de lo que ganó por el voto popular directo.

En síntesis, la democracia no deja de ser democracia porque a mi partido ya no le favoreció el resultado. Lo que tiene que hacer la oposición es ponerse a trabajar en conquistar verdaderamente a los electores. Lo demás son pataleos y frustraciones de una derrota que aparenta ser merecida, punto final.