PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Aquí en Monterrey sencillamente no utilizamos el transporte escolar para llevar a los hijos a la escuela: un cálculo del periódico El Horizonte revela que tan pocos como el 5% de los alumnos de educación básica llegan a su escuela mediante el transporte que ofrece la propia institución.
Y son funestas las consecuencias de esa falta de cultura -a diferencia de, por ejemplo, lo que pasa en Estados Unidos-, pues según cálculos reportados en dicha nota, el traslado de menores a la escuela es causante de entre el 18 y hasta el 30% del tráfico de la urbe regiomontana.
¡Pues claro!… Son más de 1 millón de alumnos que hay que movilizar, todos antes de las 8 de la mañana y luego saliendo alrededor de las 2 de la tarde. El tráfico matutino es el más comprometido pues se combina con quienes van al trabajo en autos particulares. Que debe ser otro millón de regiomontanos cuando menos. ¡El acabose!
Por cada camión de transporte escolar se quitarían unos 40 o más autos particulares, imagínese cómo se daría fluidez a muchas avenidas.
¿Y por qué no lo usamos? Bueno de entrada hay muy poco: son unas cuantas las escuelas y colegios que los ofrecen. En segundo lugar suele ser caro, algunos lo creen inseguro y en lo general no ofrece tan buen servicio, además de estar poco promocionado. Y lo más importante: las escuelas no están ofreciendo incentivos para tomarlo. ¿Qué tal que se brindaran descuentos en las colegiaturas a quien los use? ¿Qué tal que los municipios los impulsaran y/o subsidiaran con recursos gubernamentales?
La ganancia sería para todos, porque al bajar el tráfico sube la productividad de los actores económicos en Nuevo León; gana la ciudad y ganamos todos.
A los papás les gusta llevar a los hijos a la escuela por el lado de pasar un rato con ellos. Pero ese rato puede sustituirse por un rato más amplio de verlos en la mañana o en la tarde, sobre todo si con eso logramos que en la ciudad se pierda menos tiempo en el tráfico.
Autoridades, secretaría de Educación, colegios, sociedad civil y hasta las empresas deberíamos juntarnos, ponernos creativos y ver cómo hacer que los niños y jóvenes regiomontanos se muevan en un transporte masivo.
Sería un primer gran paso a desfogar está cada vez más caótica ciudad, atrapada en crecientes nudos viales, estilo CDMX. ¡Un día ya no nos vamos a poder mover!





