
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Por su perfecto balance, la legislatura 77 del Congreso de Nuevo León tiene la posibilidad de pasar a la historia como la más plural y de mejores contrapesos que ha experimentado el vanguardista estado de Nuevo León, mismo que ha ido adelantado en cuestiones políticas en muchos sentidos pues aquí se vivió la alternancia entre PRI y PAN tempranamente, se tuvo el primer gobierno estatal independiente y se tiene hoy la segunda administración emecista del país después de Jalisco, además de que los dos gobernadores más recientes (Jaime Rodríguez y Samuel García) han buscado la presidencia de México.
Más aún, se tiene un Congreso local en el que, como nunca, los contrapesos son idóneos y obligan a la permanente negociación, pues no hay una bancada absolutamente dominante (al momento de escribir estas líneas, el PAN tiene 10 curules; MC otros 10; PRI alcanzó 10 y Morena trae 9). ¡Inmejorable balance!
Y se pone aún mejor, pues es sabido que, ya organizados en bloques, habría solamente dos (el del PRI-PAN-PRD y el coyuntural que se genera entre MC y Morena), donde cada uno tiene a la mitad del Congreso, o sea, estamos ante un 21 Vs. 21, de los 42 diputados que conforman al Legislativo local.
Si se manejan con altura, este Congreso sería el perfecto ejemplo de una democracia representativa de un crisol de pensamientos y fuerzas políticas obligados por necesidad a discutir y buscar consensos.
El problema es, sin embargo, que, si no se manejan con altura, pasarán dos cosas:
Una, habrá una constante parálisis, como ya experimentamos en una de las primeras sesiones, la del lunes 2 de septiembre, en la que no pudo ni aprobarse el orden del día y la sesión no pudo seguir.
Y la segunda, que es igual de mala, que al estar tan aferrados en sus posturas polarizadas, para sacar adelante los temas no encontrarán otra opción más que “comprar voluntades”, y eso significará que muchos legisladores estarán vendiéndose al mejor postor, y peor aún, brincando entre bancadas como chinampinas y chapulines.
Desgraciadamente, estos dos fenómenos son los que hemos visto como una constante en las primeras sesiones de esta inédita legislatura.
Tan sólo en una sesión ocurrió un hecho vergonzoso: públicamente los legisladores manifestaron haber votado divididos 21 contra 21 para aprobar dar la presidencia de la Cámara al PRI; sin embargo, al contarse los votos el resultado fue 22 Vs. 20 a favor de dicha medida, lo que derivó en acusaciones de fraude por parte de MC y Morena, y desde la otra trinchera, la pri-panista, en señalamientos de que “seguramente hay un judas” que traicionó a las bancadas rivales.
Lo cierto es que nadie supimos realmente quién votó cómo, porque ahora resulta que pese a existir el tablero electrónico, donde las votaciones son absolutamente transparentes, los diputados han vuelto a la añeja y poco confiable urna que utiliza cualquier oficinista para hacer una rifa de regalos. ¡Habráse visto!
¿Cómo puede ser que en pleno Siglo XXI donde podemos pagar hacer compras internacionales seguras por nuestro teléfono y los algoritmos saben más de nuestros hábitos que nosotros mismos, en un honorable Congreso no podamos saber cómo votó nuestro representante, ni se tenga un sistema de conteo infalible e incuestionable?
A ver: los diputados fueron elegidos para representarnos, y el sentido de su voto ¡DEBE ser público!… ¿A quién tratan de engañar con sus circos?
Será una lástima que en esta oportunidad histórica de poner a Nuevo León en el lugar que sus ciudadanos esperan, este Congreso se dedique tres años a darnos un triste espectáculo de bajeza, cerrazón, marrullerías, y una actuación derivada de intereses particulares y ajenos al bien común, en vez de trabajar realmente por ayudar a quienes los llevaron ahí… ¡Y ahí la dejamos!





