
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
El ciudadano mexicano, expuesto a la cascada mediática de información sobre la Reforma Judicial, se sigue preguntando qué tan buena o qué tan mala es.
Y la causa es sencilla: lo que más escucha son opiniones, y no verdaderas piezas informativas sobre los contenidos detallados de la mentada reforma, sus posibles alcances, sus riesgos y/o posibles beneficios.
Estamos inundados más de propaganda, a favor o en contra, de la reforma, que de información precisa y útil sobre la misma.
Y ahí está el verdadero problema de esta reforma judicial, amigo lector. Realmente no la conocemos, mucho menos existen los suficientes espacios objetivos e imparciales para informarse, discutirla y construir sobre la misma, y en realidad todos estamos repitiendo lo que dijo el otro, que a su vez dice lo que dijo otro, y así se ha construido una cadena de “teléfonos descompuestos” donde la verdadera reforma deja de estar a la vista.
Lo que está a la vista son los intereses de quienes defienden el nuevo status quo de la izquierda en el poder, o los intereses de quienes quieren descalificarla y descarrilarla a como dé lugar. Ambos polos tienden a reducir las explicaciones a consignas simplonas, difundiendo medias verdades o hasta versiones retorcidas de las mecánicas de esta reforma (por ejemplo, pocos saben que es enteramente falso que se pretenda que “un hijo de vecino pueda ser elegido como juez”, ya que la propuesta es poner a elección sólo entre quienes compiten por un ascenso, por lo que ese juego de “¿usted dejaría que sea piloto del avión cualquier pasajero?” es una comparación en absoluto fuera de lugar).
Pero tampoco están claras las bondades, de existir algunas, de la actual propuesta. Si las hay, el ciudadano “de a pie” sinceramente no las conoce.
Y esto es porque, lejos de haber un debate de ideas, estamos en medio de un gigantesco encontronazo político y propagandístico que usa de pretexto a la reforma, no ante un verdadero foro de discusión y exposición de la verdadera reforma judicial.
¿Qué habría que hacer? Uno: De inicio, informarse de verdad sobre la misma. Conocerla. Buscar en el mar de la internet los pocos espacios donde se haya reseñado sin apasionamiento la iniciativa recién aprobada en el senado mexicano.
Dos: Exigir a nuestros políticos el ponerle “pausa” al avance de la misma. No hace sentido que prosiga la aprobación y publicación de una iniciativa verdaderamente desconocida para los mexicanos, glorificada con poco sustento por sus impulsores y vilipendiada al extremo, incluso con falsedades, por sus detractores. Esta reforma requiere más tiempo, más conocimiento y más discusión.
Tres: Pugnar por la creación de auténticos foros nacionales, a llevarse a cabo en todos los estados de la república, donde el ciudadano conozca los elementos esenciales de la Reforma Judicial y pueda participar en enriquecerla. Abrir el espacio a especialistas, académicos, a los propios miembros del cuerpo de justicia -por supuesto-, y a la sociedad civil en general.
Cuatro: Votar. Sí, si los impulsores de la reforma están a favor de la democracia -que es uno de sus argumentos-, entonces que más allá de proponer elegir a los jueces mediante votación, pongan a votación esta misma reforma. Pero no a encuestas cuya transparencia no podemos conocer. Que organicen una especie de elección masiva para votar a favor o en contra de la misma, una vez que se conozca y discuta públicamente en todos los medios, en todos los canales, en todos los podcasts.
Sí, la justicia mexicana no puede seguir como está. Sí, está corrompida por el dinero y por la infiltración partidista. Sí, necesita reformarse.
Pero no debería poder reformarse sin el consenso y aval, no sólo de dos terceras partes del Congreso, sino de dos terceras partes de la población mexicana entera. Sin el convencimiento auténtico de una mucho más amplia mayoría, una que hoy se manifiesta insegura, temerosa y francamente ignorante de los alcances de la iniciativa que ya se aprobó.
El consenso es aún mejor democracia. Luchemos por el consenso de una reforma judicial enriquecida por las mejores mentes de nuestro país. Nos lo merecemos.





