PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Los ataques a miembros de Hezbollah, perpetrados con bípers y walkie-talkies que explotaron, nos abren los ojos a una cosa tenebrosa, de entre muchas: que hoy con los dispositivos cargamos con un “extraño” en nuestro bolsillo; uno que no controlamos del todo y a través del cual pueden hacernos daño desde fuera.
Ya no es sólo que el celular nos escuche y nos vea con su micrófono y su cámara; no sólo que reporte constantemente nuestra ubicación, cual GPS, a vaya usted a saber cuánta gente; no, además de todo eso, es una puerta abierta por la que pueden entrar a ver nuestros datos más esenciales los hackers, los expertos en informática y no se diga las grandes agencias internacionales, policiacas y militares.
Pero el problema que más van a sufrir miles y millones de usuarios de dispositivos electrónicos -y que ya lo están sufriendo en México- es el ingreso de delincuentes con muy distintos tipos de capacidades cibernéticas, pero que buscan por todos los medios el quitarnos algo valioso mediante engaños.
En otras palabras, el riesgo pareciera trasladarse de las calles, ¡a nuestros celulares! Y créase o no, hoy en lugares como el estado de Nuevo León, en México, ya se reportán más ciberdelitos en un año, que delitos patrimoniales. Así como lo escucha. Y aquí le va la cifra: sólo en 2023 se reportaron 8,138 ciberdelitos relacionados a fraude y extorsión (porque hay otros delitos como acoso, etc, y entre todos suman cerca de 20,000 casos anuales), mientras que los robos, de todo tipo (o sea simples, a persona, a casas, autos y negocios) sumaron sólo 8,104 en el mismo año.
Sí, ya los robos y fraudes cometidos vía el celular, rebasaron a los robos en la calle, los cristalazos y a las incursiones en casas y negocios para robar. ¡Pues claro, es más sencillo robar cibernéticamente desde la comodidad de un penal, que tomarse la molestia y el riesgo de irse a meter a una casa o robar un banco!
El ciberdelito opera enviando algún tipo de información falsa al usuario, como una llamada con mentiras argumentando que se ha secuestrado a un familiar, o simplemente mandando un mensaje o correo falso en el que se le pide a la víctima que proporcione el código enviado al celular o que ingrese a alguna liga.
De esa manera es posible robar información bancaria, tomar control del celular vía remota o hasta hacer que la persona transfiera grandes cantidades de dinero. Es el robo moderno, y ya superó a todos los demás robos.
Ya nos alcanzaron en donde estamos, ya no necesitamos “salir” para estar en peligro. Nosotros por voluntad propia “compramos” el dispositivo que nos trae el peligro, y hasta hacemos largas filas y gastamos grandes cantidades de dinero por tener el modelo más reciente del aparato que, a la par que nos hace maravillas, también nos espía y nos acerca a los ladrones. ¡Qué mundo!





