Gregorio Martínez con Pan y Circo

Empate técnico

By octubre 30, 2024No Comments

PAN Y CIRCO – Opinión Editorial

Estamos a unos cuantos días de la elección presidencial más impredecible en la historia de Estados Unidos.

Esto nos hace recordar lo ocurrido en el año 2000, cuando George W. Bush finalmente se impuso al entonces candidato demócrata Al Gore, a pesar de haber obtenido cerca de 500 mil votos por debajo de su rival, y después de semanas de deliberaciones por un cuestionado manejo del proceso electoral en Florida.

O en el año 2016, cuando Donald Trump  se convirtió en presidente tras haber superado los 270 votos electorales necesarios… cuando fueron casi tres millones de personas más las que emitieron su sufragio a favor de Hillary Clinton.

Esto puede volver a suceder.  La elección en Estados Unidos no se decide por el voto popular. Existe un Colegio Electoral, conformado por 538 miembros, que son representantes de cada estado.  Quien obtenga la mitad más uno, es decir 270 votos electorales, es quien gana la Casa Blanca.

Y todos los votos electorales de un estado se los lleva el que tenga la mayoría de los sufragios, así sea por la mínima diferencia.

De los 51 estados en los que se deciden los 538 votos electorales que hay en total, hay cuatro muy importantes, con un gran peso demográfico: California, con 54; Texas, con 40; Florida, con 30; Nueva York, con 28.

California y Nueva York son dos estados seguros para el Partido Demócrata. Texas es republicano… y Florida no se casa con un partido, pero en esta ocasión la ventaja podría apuntar hacia Donald Trump.

En este punto es donde entran en juego los ‘swing states’, o estados clave, cuyo resultado es imprevisible y, al mismo tiempo, decisivo: Pensilvania, Georgia, Carolina del Norte, Michigan, Arizona, Wisconsin y Nevada.  Estos siete estados representan 93 votos electorales y de ellos dependerá que Donald Trump o Kamala Harris se conviertan en el próximo presidente o presidenta de los Estados Unidos de América.

Gane quien gane la elección, el futuro de la relación bilateral México-Estados Unidos luce complicado.

En materia de seguridad, el tráfico de fentanilo seguirá siendo una prioridad para Estados Unidos. Ciertamente, se espera más cooperación por parte de México, pero también podría haber conflicto. En caso de que gane Trump, aumenta la probabilidad de una eventual intervención para combatir grupos criminales.

Por otro lado, ahí viene la revisión del Acuerdo Comercial de Estados Unidos con México y Canadá, mejor conocido como el T-MEC.  No será fácil. Kamala Harris ha externado su deseo de exigir a México mayores condiciones para la inversión, además de que podría endurecer las disposiciones ambientales y laborales del tratado.  Recordemos que como Senadora, Harris votó en contra de la aprobación del T-MEC.

Por su parte, Donald Trump ha advertido que buscará una “renegociación del acuerdo”, al tiempo que busca imponer elevados aranceles, como medida de presión. Así como ocurrió con la construcción del muro fronterizo, que no se concretó, resulta inviable que Trump evite la instalación de empresas de capital estadounidense en México… para que todo se haga en Estados Unidos.  Basta revisar el número de vacantes que tienen las plantas de bienes manufacturados.  Tendrá que seguir recurriendo a la compra de insumos hechos en México, si es que no quiere traerlos de China.

Ambos candidatos muestran inclinaciones hacia el proteccionismo, lo que podría impactar el comercio y el entorno de inversión. 

Estabilizar y fortalecer la relación bilateral es esencial para los intereses de México… y con ello se debe aprovechar esta oportunidad para redefinir el papel de nuestro país en el escenario global.