PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Quienes afirman que el gobierno de Claudia Sheinbaum no es más que una mecánica continuación de la administración de López Obrador quizá la piensen dos veces ahora que revisen la actuación de la presidenta de México en la cumbre del G20.
Aunque Sheinbaum es muy cuidadosa en sus palabras y referencias al sexenio anterior, mantiene sus cánones y principios y jamás echa culpas a dicha administración sobre lo que hoy enfrenta, su desenvolvimiento y perfil comienzan a mostrar importantes diferencias; quizá es a lo que se refiere cuando la doctora habla del “segundo piso de la 4T”.
Y es que, en esta Cumbre, vimos a una presidenta haciendo muy buen lobbying con los mandatarios internacionales más importantes: Biden, Xi Jinping, Trudeau, Macron, Lula. A todos los saludó de mano y les habló de cerca. Su porte, su discurso y sus propuestas la pusieron como una igual ante los demás.
Vimos la figura de alguien que pasa por una auténtica estadista, que se codea con líderes mundiales y encaja perfectamente en un evento internacional como éste; que sabe sus reglas y las respeta y domina, pero que además enarbola ideas vanguardistas muy acordes al sentir contemporáneo -como la lucha pacifista y la reforestación- sin abandonar los grandes ideales y valores universales -como el amor, la igualdad, la justicia, la empatía, la defensa de los desvalidos-.
En síntesis, vimos a una mandataria que proyecta a un México muy digno. Que está preparada y que tiene altura de miras. Y eso, más allá de nuestras preferencias políticas, es sumamente importante y provechoso para el país.
Las propuestas con las que llegó, además, resultan bastante atinadas, y más aún proviniendo de un país como México; el tipo de nación del que se esperarían.
La primera fue la de crear un fondo internacional con el 1% de lo que se le destina al armamentismo para financiar “el programa de reforestación más grande de la historia”. Dijo la presidenta: “No sembremos guerras, sembremos vida”.
En segundo término, reafirmó una propuesta presentada en 2023 por el Gobierno de México para reformar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con el objetivo de ampliar los lugares en el órgano principal de la ONU para las regiones de África; América Latina, el Caribe y pequeños Estados Insulares.
La idea busca, dijo, “implementar una visión más democrática del mundo que otorgue mayor legitimidad a las decisiones de este órgano principal de la ONU”.
Pues sí, ya a nadie hace sentido que sólo un puñado de naciones, sólo por el hecho de haber resultado como los países más poderosos tras el fin de la segunda guerra mundial hace unos 70 años, sean los que sigan controlando las decisiones claves de este organismo que debe representar a todas las latitudes.
“Esto corresponde a la inclusión, el reconocimiento de naciones como iguales y una verdadera posibilidad de alcanzar soluciones para la paz, incluso, me atrevería a decir, corresponde a una visión más democrática del mundo. Democracia, inclusión, libertad y justicia guían esta propuesta”, dijo Claudia Sheinbaum.
Por lo pronto, empezamos con buenos discursos, que inspiran, que no dividen; que ponen más alto al nombre de México.
Falta mucho, pero muuucho, por hacer, pero son buenas señales de este “segundo piso de la 4T”.





