Luis Padua con Pan y Circo

¿El regreso del “despacho”?

By mayo 20, 2025No Comments

PAN Y CIRCO – Opinión Editorial

Cuando vi este impresionante dato de que en el primer trimestre del 2025 se desplomó en 80% la renta y venta de oficinas en Nuevo León frente al mismo período del año pasado, me acordé de la casa de mi abuelo y de su fabuloso “despacho”.

Y me acordé de eso porque, ante la realidad post-Covid en que la gente ya usa mucho menos la oficina, y los nuevos negocios tienen a un porcentaje importante de su gente haciendo home office, pensé que quizá ahora las casas, por pequeñas que sean, deberán ofrecer entre sus espacios, como un nuevo cuarto casi indispensable, una pequeña oficina o un “despacho”.

Según las necesidades, este espacio puede ser menos o más importante, y habrá quien necesite dos: uno para ella y otro para él, si trabajan al mismo tiempo.

Así como las casas antiguas casi no tenían “closets”, mucho menos “walk in closets”, sino apenas tenían unos pequeños “roperos” porque la ropa no era tan desechable como ahora; o así como el “cuarto de tv” fue una aparición posterior a mediados del siglo pasado, así quizá tanto las futuras casas de Infonavit como los más pequeños ‘lofts’ tendrán que ofrecer un rincón que pueda servir como “oficina”.

Pero será muy importante que este espacio te pueda “aislar” de la vida familiar, o de lo contrario pasará como le pasa ya a muchos: si se conectan en home-office desde el comedor o la sala, les es complicadísima la mezcla de la vida familiar con la laboral, y luego no se atiende bien ni una ni otra.

Compartir el espacio de trabajo con el espacio personal y de familia impide la separación “mental” y anímica que muchas personas necesitan para evitar “que los problemas de la oficina invadan la casa”, o que “los problemas de casa invadan la oficina”.

Lo cierto es que para muchos esa separación es sumamente sana y necesaria.

Pero vuelvo a mi abuelo y su “despacho”.

Mi abuelo tenía muy clara la necesaria separación de ambos mundos, y por eso, décadas después de haber construido su casa, se construyó un despacho -así lo llamaba él y toda la familia, aunque era una mezcla entre oficina y biblioteca- en el jardín trasero de su propiedad, ocupando todo lo largo del espacio a lo ancho, y logrando tener así mucho lugar para sus cosas personales y hasta una entrada independiente.

Estamos hablando de aproximadamente 1950, cuando NO había “home office”, pero en ciertas casas a los señores les gustaba montar una especie de oficina para recibir invitados de trabajo, y/o para aislarse con sus lecturas, y fue justo lo que llevó a mi abuelo a convertir su despacho en lo que desde mi niñez lucía como el espacio más fabuloso e interesante de toda esa casa.

Como a mi abuelo le fascinaba la lectura, y además trabajó en el Congreso Federal por tres décadas lo que lo acercaba a las grandes vivencias del México posrevolucionario, su despacho estaba tapizado de libros, pero además de todo tipo de objetos y adornos que mostraban por completo su personalidad.

No había un rincón sin algún cuadro u objeto colgante.

Tan importante se volvió su despacho, que luego le puso un anexo con una mesa de comedor y otro anexo más a manera de sala de espera.

El espacio era maravilloso, olía a libros y a tinta de máquina de escribir, y a los puros que atesoraba.

Menciono todo esto porque, así como hizo mi abuelo, creo que muchos estaremos muy pronto acondicionando un espacio aislado, “completamente nuestro”, para trabajar desde casa.

El “despacho” vuelve por sus fueros, por una necesidad de una nueva organización del trabajo.

Ojalá podamos convertirlo, como hizo el abuelo Luis Viñals León, en un espacio apto para cultivarnos, para retomar los hábitos de la lectura y la reflexión.

Espacios que también sirvan para compartir, con unas pocas personas, horas de reflexiones importantes y profundas, quizá acompañadas de algo de comer y beber, donde socializamos rodeados de buenas pláticas, “arreglando el mundo” y compartiendo lo que otros maestros nos transmiten.

Que el nuevo home office no nos aísle y nos meta solo en reuniones “virtuales”; que más bien nos lleve a crear nuevos espacios para la lectura a solas pero también para invitar amigos y colegas a pensar y a departir.

Yo por lo pronto ya estoy pensando en cómo y dónde hacerme un “despacho” que visiten mentes lúcidas y donde grandes libros me pidan ser abiertos con frecuencia.