PAN Y CIRCO – Opinión Editorial

Carriles a contraflujo: una solución viable.

Este lunes 14 de julio pusieron a prueba la implementación de carriles a contraflujo o reversibles en la Avenida Morones Prieto, desde Churubusco hasta Venustiano Carranza.

El objetivo es tratar de mejorar la circulación de oriente a poniente por las mañanas, luego del cierre de los carriles exprés de la Avenida Constitución, debido a la construcción de las líneas del Metro.

En Monterrey, como en muchas grandes ciudades del mundo, la movilidad urbana se ha convertido en uno de los principales desafíos.

Las horas perdidas en el tráfico no sólo afectan la calidad de vida de millones de personas, sino que también representan un enorme costo económico y ambiental.

Ante esta realidad, la implementación de carriles a contraflujo —es decir, habilitar ciertos carriles en sentido inverso durante las horas pico— ha surgido como una estrategia eficaz para mejorar los tiempos de traslado.

Pero como toda política pública relacionada con infraestructura urbana, su efectividad depende de un análisis técnico riguroso, planeación estratégica, comunicación clara con la ciudadanía y, sobre todo, una ejecución disciplinada.

Hay múltiples factores que deben ser considerados antes de echar a andar una medida de esta naturaleza.

Primero, el análisis de flujos vehiculares. No todas las avenidas son candidatas ideales. Se requiere una evaluación detallada de la cantidad de autos que circulan en cada dirección, en diferentes momentos del día, para identificar si realmente hay un desequilibrio que justifique un carril reversible.

Segundo, la infraestructura existente debe ser compatible. Es indispensable contar con señalización clara, espacio suficiente para el desvío y separación física cuando sea necesario. Además, se debe prever cómo afectará a rutas de transporte público y a vehículos de emergencia.

Tercero, el componente tecnológico y operativo. Muchas ciudades exitosas han implementado sistemas inteligentes de monitoreo, semaforización adaptativa y cámaras de vigilancia para asegurar el correcto funcionamiento del carril y evitar accidentes o abusos.

Cuarto, y no menos importante, la comunicación y educación vial. El ciudadano debe estar informado con anticipación, conocer los horarios, la lógica detrás de la medida, y confiar en que no se trata de una ocurrencia, sino de una política diseñada para mejorar su vida diaria.

Existen casos de éxito documentados en diferentes partes del mundo.

Aquí en la zona metropolitana de Monterrey ya contamos con algunos ejemplos. En los últimos meses, se han implementado carriles reversibles en avenidas como Gonzalitos, Paseo de los Leones y en la Carretera Nacional.  Por las tardes, también se ha puesto a prueba la avenida Universidad, en San Nicolás.

Y si hablamos de Constitución y Morones Prieto, primero habría que recordar que, en 2010, tras el paso del huracán “Alex”, perdimos la oportunidad de reconstruir de una manera óptima ese par vial. Inventaron el “pa’allá” y “pa’acá”, esto es, determinaron que esas arterias tuvieran amplios tramos de un solo sentido.  Pero lo hicieron mal. Los carriles “desaparecen” y algunas salidas están fuera de lógica. Las herramientas como Waze han venido a salvar a muchísimas personas que fácilmente podrían perderse.

A eso hay que sumar que el número de vehículos en circulación se ha multiplicado, y el transporte público de pasajeros se ha deteriorado.

Ahora las autoridades municipales y estatales tienen el enorme reto de contribuir a aliviar el caos que se vive todos los días en Constitución y Morones Prieto.

Y que esta medida, por ahora temporal, nos invite a trabajar en una estrategia integral y construir soluciones de largo plazo.

Mientras eso sucede… no nos queda de otra… más que armarnos de paciencia y manejar con cortesía… en la medida de lo posible.

Que nos sea leve.