Minuto
CHAVA PORTILLO
No pierde vigencia la enorme estupidez inventada por gente sin quehacer que popularizó la ocurrencia de mencionar en sus discursos: “ciudadanos y ciudadanas” y el envión que animó a los demagogos de querer transformar un idioma que estaba completo y perfecto, hasta que llegaron estos matraqueros de ocasión que viendo caballo ensilladlo se les antojó viaje en la misma cabalgadura donde se treparon los incomprendidos grupos de minorías que ahora exigen inclusión: LGBTIQ, cuerpo sexuado, gay, endosex, malgenerización y todas las fórmulas variantes tan complejas que tiene la sociedad en que gravita el ser humano.
Qué bueno que el gobierno de Chihuahua está intentando meter orden que en las escuelas se termine con esa mafufada de niñes y todes acabando con las inclusiones obligadas, todOs son niñOs y se acabó el corrido.
Este escribidor que es respetuoso de los que por nacimiento, vocación, tendencia, convencimiento o accidente no tienen definido si desean vivir su vida en el cuerpo que les toco de catedral, pero también estoy convencido que no me agrada que me metan a chaleco en los berenjenales -mandaré una gráfica para que el otro Cortés sepa cuáles son- mentales que ellos mismos crean en su cerebrito e intenten arrastrarme a su remolino de pasiones.
Lleven su vida con dignidad y no exijan algo de los que vivimos otra vida no pedimos, parafraseando a la inolvidable Cristina Pacheco, aquí nos tocó vivir. Sin parecerlo, con la llegada de Claudia a la presidencia volvió a avivarse el fuego de los pirómanos del lenguaje que entercados le dicen presidentA, olvidando que no hay pacienta sino paciente, que no existe delicuenta porque hay delincuente. Ya sabemos que el sufijo ENTE es quien ejecuta una acción y siendo presid-ente es el que preside y no tiene género como: traficante, asistente, fortificante, dependiente, envolvente y así podríamos llenar páginas con ejemplos de la barbaridad que se convirtió en moneda de cambio y sigo considerando es una moda y pronto deberá difuminarse.
A mis casi ocho décadas de haber nacido, mis padres me enviaron a escuelas públicas donde algunas ocasiones existieron grupos de varones y de féminas, pero jamás nos pasó por la mente ni la de los educadores, que había necesidad de crear un nuevo vocablo para referirnos a alguien que no estaba seguro ser una cosa o la otra. Es posible que tuvieramos que aceptar con conciencia y adaptabilidad a los seres humanos que por nacimiento son zurdos puesto que la mayoría somos diestros, pero de eso a cambiar el mundo por una necesidad convertida en demagogia de grupos existe un abismo de por medio.
Lo mismo podríamos argumentar de los que somos adultos con la juventud acumulada o el tan citado y repetido tema de los discapacitados, que nadie habla de ellos, sólo los políticos cuando están en campaña y los necesitan para la foto, porque ¡somos incluyentes! Se los juro por la virgen de los siete puñales
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