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CHAVA PORTILLO
Dicen que la mala suerte y los pendejos siempre se agarran de la mano, yo incluiría un tercer grupo concordante, los pillos engreídos que imaginan que jamás se darán cuenta de sus fechorías. El excelente trabajo de investigación reporteril del periódico grandote donde exhiben la barbaridad cometida por los agraciados y corruptos constructores de cimentar pilotes que sostendrían la estructura de la línea 4 del tan prometido Metro, tiene varias lecturas.
La primera, los encargados de la obra son lo suficientemente torpes e inexpertos que nunca deberían de haber sido elegidos para una construcción de ese monto e importancia. Otra, que como se dice en el juego de dominó: el mandado NO es culpado, así es que si el dueño de la constructora recibió órdenes del único que podría girarlas -Samuel el mentiroso- los exime de la gran estupidez, todo con el afán de acortar los tiempos de entrega para su mundialito de futbol.
En cualquiera de las dos hipótesis, habría que preguntar ¿los costos, que se abaratan porque sería menos trabajo y material, se regresarían a la Tesorería? De una forma o la otra, el gobernador baila con la más fea, porque lo ponen en el aparador de la corrupción, ya que fue El Norte el que descubrió el latrocinio, además del desprestigio tremendo para los responsables de la obra civil porque, ¿cómo es posible que hubieran cometido una falla tan garrafal?, como de primer año y no se necesita ser erudito en túneles como Joaquín Guzmán Loera para entender que es una aberración taponear la salida de un torrente pluvial de esa envergadura.
La otra lógica de interpretación es qué hasta ayer, no habían mencionado los “expertos” ingenieros civiles cómo hacerle para liberar el caudal hídrico, porque si le están apostando a que la temporada de ciclones va de salida, con los puros escurrimientos de las pasada lluviecitas tienen para inundar avenidas como Gonzalitos, V. Carranza, Constitución y demás arterias afectadas.
Jorge A. Treviño, uno de los mejores gobernadores de Nuevo León que han pasado por esa responsabilidad, al que guardo un gran aprecio y respeto me dijo un día el gran principio de la grandeza de un político, “el buen gobernante, no es aquel que posé gran talento e inteligencia para servir a los que lo eligieron, es el que sabe rodearse de gente brillante y honesta”.
Samuel, tal vez es un joven qué en su intención de comerse el mundo a tarascadas, empieza a mentir en forma compulsiva hasta tropezar con su lengua y su propio fracaso. El gabinete que construyó mentiroso, es una amalgama de bisoños e inexpertos aprendices de políticos que con el criterio Montessori son incapaces de decirle un NO a sus caprichos, como el de mostrar la recamara “regalada” de las infantas repleta de cientos de zapatos de marca, la adquisición del TESLA ridículo anaranjado y ahora, no aconsejarle que los constructores pillos estaban haciendo su agosto ahogando a la ciudad por tal de quedar bien en la entrega de una línea del Metro para un juego de futbol, que no podrán entregar a tiempo y con normas de calidad plausibles, si no, pal baile vamos.
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