
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
El cierre de 2025 invita a mirar con serenidad —pero también con espíritu crítico— lo que ocurrió en nuestro entorno inmediato, en el país y en el mundo.
No se trata de quedarnos en la queja permanente ni en el optimismo ingenuo… Por el contrario, buscamos entender dónde estamos y hacia dónde vamos.
Nuevo León: Avances parciales, problemas estructurales.
En el ámbito local, sería injusto no reconocer uno de los datos más relevantes del año: la reducción en los homicidios dolosos. Este indicador representa un avance tangible en materia de seguridad y genera un respiro para una sociedad que ha vivido años complejos.
Sin embargo, los pendientes siguen siendo numerosos y, en algunos casos, profundamente preocupantes.
La crisis de movilidad continúa sin resolverse. El pésimo sistema de transporte público y el tráfico en las calles se han convertido en un lastre cotidiano para la productividad, la calidad de vida y la salud mental de miles de ciudadanos. A ello se suman los retrasos, fallas técnicas y la opacidad que han rodeado la construcción de las nuevas líneas del Metro, un proyecto que debía ser parte de la solución y que hoy genera más dudas que certezas.
La contaminación atmosférica es otro de los grandes pasivos de 2025. Pese a las alertas constantes y a la evidencia científica, las acciones han sido tardías e insuficientes. Respirar aire limpio sigue siendo un privilegio, no un derecho garantizado.
A esto se suma una decisión que dejó inquietud en amplios sectores de la población: el pago de la deuda hídrica de México con Estados Unidos mediante agua de la Presa El Cuchillo. Hoy los niveles son aceptables, sí, pero nadie puede asegurar que en el corto o mediano plazo no enfrentemos nuevamente una sequía severa. Apostar al “ahorita hay” es una estrategia peligrosa.
Mientras tanto, pareciera que buena parte de la agenda gubernamental gira alrededor del Mundial de Futbol de 2026, aun cuando Monterrey no recibirá a las selecciones más atractivas.
La sensación es clara: demasiada energía puesta en el escaparate y demasiados actores políticos más concentrados en suspirar por las elecciones de 2027 que en resolver los problemas urgentes del presente.
México: Estabilidad frágil y viejas inercias.
En el plano nacional, 2025 cierra con una relativa estabilidad económica. No hubo crisis mayúsculas ni sobresaltos financieros, lo cual no es menor en un entorno global incierto. Sin embargo, estabilidad no es sinónimo de fortaleza. El crecimiento sigue siendo moderado y los desafíos estructurales permanecen intactos.
La Presidenta Claudia Sheinbaum ha logrado, hasta ahora, sobrellevar una relación compleja con Estados Unidos, incluso frente a un Donald Trump nuevamente beligerante. Ese equilibrio diplomático ha evitado conflictos mayores y merece reconocimiento.
También se registró una disminución en la estadística nacional de homicidios dolosos. No obstante, esta cifra convive con una realidad cruda. Los hechos violentos de alto impacto no desaparecen. El asesinato del alcalde de Uruapan es un recordatorio brutal de que el poder del crimen organizado sigue desafiando al Estado.
Además, persiste una sombra política difícil de ignorar: Sheinbaum no ha logrado desmarcarse claramente de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador.
Y para que “no me olvides”, la tragedia del domingo 28 de diciembre… El Tren Interoceánico, una de las obras insignia del sexenio anterior, descarriló en Oaxaca, provocando la muerte de 13 personas, dejando serias dudas respecto al manejo de este proyecto.
El mundo: Treguas frágiles y guerras interminables.
A nivel global, 2025 deja pocos motivos para el entusiasmo. Uno de ellos fue el acuerdo de paz entre Israel y el grupo Hamas, una luz de esperanza tras dos años de violencia extrema. Sin embargo, la amenaza de una nueva escalada sigue latente y la región continúa siendo un polvorín.
En contraste, en estos últimos días fuimos testigos de una intensificación del conflicto entre Rusia y Ucrania, una guerra que se acerca ya a su cuarto año y en la que, una vez más, surgen intentos de pacificación, con la mediación de Estados Unidos.
Mirar hacia 2026.
El año 2025 se va dejando claroscuros. Avances que deben consolidarse y errores que no pueden repetirse.
Ojalá que 2026 sea un año de decisiones más responsables, de gobiernos menos distraídos por el cálculo electoral y más enfocados en el bien común.
Que el próximo año sea, de verdad, mejor para todos.





