
Pedro Ocañas para Pan y Circo
En año preelectoral, el movimiento político arranca a todo lo que da. Surgen organizaciones que buscan convertirse en partidos nacionales y, como cada ciclo, se desempolvan discursos que promueven “renovar la democracia”.
Nuevos nombres, nuevos logos, nuevas siglas. La misma historia.
Porque lo que México está viviendo no está en los partidos ni en sus colores. Tampoco en si las siglas son guindas, tricolores o azules.
El verdadero problema está en las personas. En los políticos con nombre y apellido, los mismos que cambian de camiseta, pero no de prácticas, y que hablan de transformación mientras repiten los vicios de siempre.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿cuándo llegará el político que realmente cumpla lo que promete en campaña? Porque al llegar al poder pareciera que se transforman:
cambian la visión, las prioridades son otras y, sobre todo, la coherencia.
Ejemplos sobran, de todos los colores y sabores. Cada día los escándalos son más descarados y la impunidad más evidente.
Hoy, México no necesita más partidos; necesita mejores políticos.
Funcionarios comprometidos con la función pública, que entiendan que gobernar es servir y no servirse del cargo.
Cada que se acerca una elección vemos nacer nuevos partidos que juran ser distintos, que prometen terminar con los vicios de los de siempre que muestran un desgaste.
La desconfianza hacia la clase política ha alcanzado niveles históricos, los ciudadanos ven a los partidos tradicionales como una maquinaria más ocupada en repartirse el poder
y tener el control que resolver los problemas de la comunidad.
Los últimos tres sexenios son una prueba clara. México ha tenido presidentes del PAN, del PRI y de MORENA, y en todos los casos se revelaron escándalos de corrupción igual de indignantes.
Algunos funcionarios terminaron en prisión, incluso están enfrentando procesos en Estados Unidos como Genaro García Luna. Otros fueron procesados en México como Rosario Robles Berlanga y la maestra Elba Esther Gordillo Morales, quienes años después quedaron en libertad.
A Robles Berlanga se le acusó de participar en una red de corrupción mediante el desvío de más de 7 mil 600 millones de pesos de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), dependencia que encabezó durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Este caso fue conocido como “La Estafa Maestra”.
En el caso de Gordillo Morales, fue liberada el 8 de agosto del 2018 luego de que un Magistrado cancelara el juicio en su contra por falta de pruebas, tras ser acusada por los delitos de lavado de dinero y delincuencia organizada.
“La Estafa Maestra” representó uno de los desvíos de recursos públicos más grandes en la
historia de país. El caso fue revelado en el 2017 por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y el portal Animal Político.
Estos miles de millones de pesos debían llegar a la población mexicana más necesitada que terminó cargando este acto de corrupción que hasta la fecha está impune.
Ya en el sexenio morenista de Andrés Manuel López Obrador se descubre otro escándalo:
“El Huachicol Fiscal”, que habría provocado una afectación al erario público por 600 mil millones de pesos según estimaciones de la Procuraduría Fiscal de la Federación.
Este caso, considerado el más grave en la historia reciente de México, involucra a funcionarios, militares, empresarios, personal de aduanas y de la Secretaría de Marina, quienes formaron una gran red para no pagar impuestos en la importación de combustibles de Estados Unidos.
Esto es una muestra de que para un mejor México no se necesitan partidos políticos: se necesitan políticos con principios, instituciones sólidas y una ciudadanía que exija rendición de cuentas.
Tres gobiernos, tres partidos y un mismo resultado: corrupción, impunidad y cinismo





