
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Morena gobierna México con una concentración de poder que no se veía desde los tiempos del Partido Revolucionario Institucional del siglo pasado.
La Presidencia de la República, el Congreso de la Unión y la mayoría de los gobiernos estatales están bajo su control.
Sin embargo, ese dominio político no se ha traducido en avances proporcionales en los problemas que más pesan sobre el país.
El reciente análisis de The Economist es contundente. El partido de izquierda más fuerte del mundo democrático enfrenta serias dificultades para transformar su fuerza electoral en mejoras reales para México.
En el papel, las condiciones para impulsar reformas profundas están dadas. En la práctica, los resultados son más ambiguos. La paradoja es evidente. Nunca un gobierno había tenido tanto margen de maniobra institucional, y sin embargo los problemas centrales del país —violencia, corrupción y bajo crecimiento— siguen sin resolverse.
El análisis de The Economist resulta especialmente incisivo en el terreno económico.
México crece poco y mal. El Fondo Monetario Internacional proyecta para 2026 un crecimiento de apenas 1.5%, aproximadamente la mitad del promedio latinoamericano. No se trata de una coyuntura pasajera, sino de una tendencia prolongada que se ha acentuado bajo los gobiernos de Morena. La narrativa oficial insiste en que la prioridad es el bienestar social; los datos muestran que ese esfuerzo se financia con un déficit creciente y con finanzas públicas cada vez más tensas.
La popularidad del partido se explica, en buena medida, por la expansión de transferencias directas y aumentos al salario mínimo que sí han tenido efectos redistributivos. Millones de personas salieron de la pobreza entre 2018 y 2025. Pero ese avance convive con un déficit fiscal que alcanzó 5.7% del PIB y que no ha logrado reducirse al nivel prometido. El problema no es el gasto social en sí, sino su sostenibilidad en un contexto de bajo crecimiento e inversión pública insuficiente.
En materia de seguridad y corrupción, el diagnóstico es aún más delicado. La Presidenta Claudia Sheinbaum ha logrado contener el crecimiento de los homicidios y ha elevado el tono contra la colusión entre políticos y criminales. Sin embargo, el propio The Economist subraya una contradicción incómoda: varios cuadros relevantes de Morena enfrentan acusaciones creíbles de vínculos con el narcotráfico. Combatir la corrupción implica, inevitablemente, confrontar a sectores del propio partido, un desafío que pone a prueba la cohesión interna y la credibilidad del discurso oficial.
El contexto internacional tampoco ayuda. La economía mexicana depende de forma crítica del T-MEC, y la relación con Estados Unidos vuelve a ser incierta ante las amenazas retóricas de Donald Trump. Como apunta el semanario británico, con finanzas públicas debilitadas y un crecimiento anémico, la capacidad de México para resistir presiones externas es limitada. La soberanía económica no se proclama… Se construye con instituciones sólidas y la economía dinámica.
Más allá del tono crítico, el mensaje de The Economist no es apocalíptico, sino preventivo.
Advierte que la “luna de miel” política podría estar llegando a su fin si el poder acumulado no se traduce en mejoras tangibles para la ciudadanía. La concentración de poder sin contrapesos efectivos, sumada a reformas judiciales y electorales mal calibradas, puede terminar erosionando la calidad democrática que Morena afirma defender.
El llamado de atención es claro.
El problema de México no es la falta de poder político, sino el uso que se hace de él. El reto para Morena no es ganar elecciones, sino demostrar que su hegemonía puede convertirse en un proyecto de Estado capaz de generar crecimiento, seguridad y confianza institucional.
El poder en el papel ya lo tiene; ahora debe probar que también puede ejercerlo en la realidad.





