
Pedro Ocañas para Pan y Circo
El Parque Fundidora es un símbolo de modernidad, orgullo regio y un ejemplo de cómo se puede transformar el espacio urbano, lo que le ha valido contar con la certificación Green Flag Award, otorgada por la organización británica Keep Britain Tidy.
Es un espacio que presume festivales de talla internacional, paseos familiares y postales dignas de cualquier ciudad de primer nivel, pero basta con abrir la puerta de un baño para que la narrativa se desplome.
Porque sí, el parque brilla… hasta que uno necesita usar el sanitario.
Ahí, donde debería haber limpieza, mantenimiento y dignidad básica, lo que hay es abandono: instalaciones sucias, malos olores, y no hay jabón ni papel para secarse las manos. Se ve realmente un descuido.
No es un detalle menor. Es en realidad un termómetro de gestión pública, porque los gobiernos no solo se miden por los grandes eventos, sino en los pequeños servicios que afectan a todos, todos los días.
El parque está a cargo del Gobierno del Estado, y tiene como director general a Jeanjoseph Léautaud Russek, desde mayo de 2022.
Ha llegado a recibir alrededor de 12 millones de visitantes al año, según Bernardo Bichara Assad, presidente del Consejo de Administración; por ello, no se debe descuidar el mantenimiento de ninguna de sus áreas.
El domingo 12 de abril acudí a la carrera “Huella Verde” un evento cuya salida fue en Grúa Portal, a un costado del Horno 3 y en la que participaron unas dos mil personas entre mujeres, hombres y niños, quienes
comenzaron a llegar al parque a las 6:00 horas.
La mayoría de los participantes permanecieron en el lugar entre tres y cuatro horas y, además estuvieron acompañados de familiares y amigos, por lo que la zona se mantuvo concurrida.
El baño público más cercano, en donde iba a iniciar el evento, ubicado frente a las instalaciones de la entrada al restaurante El Lingote, se encontraba en muy malas condiciones: sucio, descuidado y sin lo más
básico indispensable.
Resulta contradictorio que un espacio que alberga conciertos masivos y eventos de talla internacional no pueda garantizar algo tan elemental como sanitarios en condiciones dignas.
Esperemos que este problema de mantenimiento no se deje a la suerte, como ocurre con algunas obras que se anuncian con bombo y platillo, y después quedan en el olvido.
Mientras tanto, los usuarios –familias, deportistas, niños, adultos mayores– pagan el costo de una omisión de la que debe haber responsables.
Además, estamos a menos de dos meses de que inicien los eventos por la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Quizá ha llegado el momento de entender que la dignidad también se construye con limpieza; que el verdadero desarrollo no está en los reflectores, sino en los detalles, y que un baño público en mal estado, dentro de un gran parque, dice mucho de una administración.
Porque en política, como en la vida, lo esencial no debería oler mal.




