
Pedro Ocañas para Pan y Circo
Primero viene el anuncio, luego la emoción. Después la esperanza y al final –casi siempre– la realidad.
En la política moderna, gobernar ya no consiste en resolver problemas. También consiste en contar una historia.
La narrativa se convierte en una herramienta de poder. Los gobiernos ya no solo administran recursos o diseñan políticas públicas, también construyen relatos: historias donde el futuro parece brillante, donde cada anuncio promete transformar la realidad y en donde el gobernante aparece como el protagonista del progreso.
Nuevo León ha vivido esa lógica en los últimos años.
El Estado ha sido escenario de anuncios espectaculares: inversiones históricas, proyectos de gran escala y promesas que colocan a la entidad como uno de los grandes polos de desarrollo.
En los últimos años, el Estado se ha llenado de anuncios de gran escala, proyectos que prometen transformar la economía o la posición global de la entidad.
El anuncio de la Gigafactory de Tesla en Santa Catarina, en marzo del 2023, es el ejemplo más emblemático.
La noticia recorrió el mundo, el mensaje era poderoso, Nuevo León se convertía en el epicentro de la nueva industria automotriz en América Latina. La historia era perfecta.
Los anuncios generan entusiasmo. Las conferencias de prensa constituyen expectativa. Las redes sociales amplifican el mensaje.
Y así se consolida la narrativa, pero la política tiene un viejo problema: la realidad siempre termina apareciendo … y tres años después la fábrica no ha iniciado la construcción.
Se compraron terrenos, pero el proyecto se puso en pausa y el sitio donde se prometía una de la fabricas más grandes del mundo sigue sin mostrar avances.
Las ciudades no cambian con discursos ni con presentaciones prometedoras, cambian cuando las obras se construyen, cuando los proyectos avanzan y cuando lo ciudadanos perciben mejoras concretas en su vida cotidiana.
Entre el anuncio y en que los obras no arrancan termina abriéndose una brecha entre la historia que se cuenta y la experiencia que se vive.
Cuando esa brecha se agranda, la narrativa comienza a desgastarse. Lo que ayer parecía una visión empieza a parecer promesa, y lo que parecía un gran proyecto termina convirtiéndose en un simple anuncio.
Porque en política, tarde o temprano llega el momento en que las historias deben convertirse en realidad.
Y cuando eso no ocurre la narrativa deja de ser poder… y se vuelve propaganda




