
Oscar Tamez Rodríguez para Pan y Circo
Venustiano Carranza y Pancho Villa jamás hicieron química, no hubo empatía entre ellos. Carranza que quería ser líder autoritario a quien se obedeciera ciegamente y Villa con personalidad de rebelde, indomable, iracundo y acostumbrado a no tener rienda.
En marzo de 1913 se unen por la conveniencia de un objetivo en común: derrumbar al golpista Victoriano Huerta y reestablecer un gobierno democrático y civil.
Ambos habían iniciado su lucha por separado, Villa cruza el río Bravo la noche del 6 de marzo de 1913 con ocho acompañantes y Carranza lanza el plan de Guadalupe original el 26 del mismo mes; ambos lideran un movimiento anti huertista, cada uno por su lado, con la diferencia que Villa habiendo empezado con ocho o nueve hombres, en los primeros meses ya contaba un ejército reclutado en su paso por las regiones de Chihuahua y para setiembre los liderazgos locales lo asumen como su líder máximo.
Carranza llega a 1913 como un hacendado beneficiado del régimen porfirista. Como afirma Katz en el tomo I de “Pancho Villa”: “Carranza era diferente, por su origen social y su historia política, de la mayoría de los líderes revolucionarios que tomaron las armas en 1913”, llegando al senado porfirista con apoyo de Reyes y Cárdenas, gobernadores de Nuevo León y Coahuila respectivamente.
En contraparte Villa tenía más de cinco lustros como prófugo, buscando ser comerciante honesto, siendo tablajero se suma al ideario de Madero con la influencia de Abraham González, cercano a los campesinos su visión revolucionaria era de reivindicación al campo, los obreros y con gobiernos democráticos.
En palabras de Katz, Carranza nunca fue un convencido maderista, incluso señala que luego del crimen del 22 de febrero de 1913, fue ambiguo en su manejo, por un lado, mandó emisarios a negociar con Huerta su no destitución como gobernador y que no le enviaran soldados a Coahuila, pero por otro lado sostenía discursos desafiantes, para algunos fue un doble juego, para otros una estrategia para ganar tiempo.
Como señala Katz en “La guerra secreta en México”, Carranza y su equipo era poco cercano al campesinado, mientras que los liderazgos villistas eran surgidos del campo u otros oficios primarios.
Villa acepta sumarse al constitucionalismo bajo la promesa de que se cumpliera el plan de Guadalupe en sus puntos 5° y 6°donde se establecía que Carranza asumiría la presidencia del país en forma interina y tan pronto se estableciera la paz convocaría a elecciones donde se eligiera a un ciudadano.
Juntos más no unidos ambos personajes participan del ejército constitucionalista, Carranza como primer jefe del ejército constitucionalista y Villa como jefe máximo de la división del norte.
Como afirma Katz en “La guerra secreta en México”, Villa se hizo de recursos confiscando haciendas a su paso, Carranza le exige se devuelvan a sus dueños. Esto, en palabras del autor, fue una de las causas primeras del distanciamiento entre ambos y al tiempo, un factor decisivo en la caída de popularidad en Villa y hasta de su muerte en 1923.
Carranza no tenía el liderazgo militar de Villa y por ello intentó descarrilarlo, pero no pudo. Como afirma Katz en la obra recién citada, entre 1913 y 1914 la división del norte fue la principal fuerza armada de la revolución y la causa principal de la caída de Huerta.
Vendrá la renuncia de Villa y el intento de Carranza por nombrar un nuevo jefe en la división del norte, pero los generales villistas le informan que su líder era Villa, lo que acentuó la rispidez entre ambos caudillos.
Se logra la caída de Huerta, el incumplimiento de Carranza al plan de Guadalupe, su deserción a la convención por él convocada, primero en México y luego en Aguascalientes y finalmente, el enfrentamiento que durará los siguientes seis años, donde Villa mantiene una caída libre, pero sin posibilidad de reconciliación por ambas partes.





