Invitamos a nuestros lectores para que lean la columna del prestigiado periodista y conductor Gregorio Martínez que se localiza en la sección: Gregorio Martínez con Pan y Circo, y como siempre querido lector Usted tiene la mejor opinión de su contenido.

PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Este miércoles 1 de julio comienza formalmente la primera revisión del Acuerdo Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que reemplazó al Tratado de Libre Comercio (TLC), y que ha sido la columna vertebral de la integración económica de Norteamérica desde 2020.
Se trata de una cita de enorme relevancia, no sólo por el tamaño del intercambio comercial, sino porque marcará el rumbo económico de la región durante los próximos años.
La pregunta inevitable es si México llegará fortalecido a esta mesa de negociación. La respuesta, desafortunadamente, no parece ser alentadora.
En el papel, el escenario más optimista consistiría en que los tres países manifiesten su voluntad de extender el tratado por otros 16 años, hasta 2042. Tanto México como Canadá ya hicieron pública esa intención. El problema es que Estados Unidos mantiene sus cartas bajo reserva. Y cuando el vecino país guarda silencio, generalmente significa que todavía pretende obtener mayores concesiones.
Los propios analistas coinciden en que el escenario más probable no es una ruptura del tratado, sino un largo periodo de incertidumbre. Es decir, el T-MEC seguiría vigente, pero sujeto a revisiones anuales mientras continúan las negociaciones. Ese limbo podría prolongarse incluso hasta después de las elecciones intermedias estadounidenses de noviembre, cuando el gobierno norteamericano tenga un panorama político más claro para definir su estrategia.
Ese escenario no es menor. La incertidumbre es uno de los peores enemigos de la inversión. De hecho, ya comienza a reflejarse en la economía mexicana, con una desaceleración de la inversión fija y una menor llegada de nuevos proyectos de inversión extranjera. Nadie apuesta con entusiasmo cuando las reglas del juego podrían cambiar en cualquier momento.
Los temas que dominarán esta revisión tampoco serán sencillos. Estados Unidos buscará fortalecer la manufactura regional y reducir la dependencia de insumos provenientes de Asia. Particularmente presionará para endurecer las reglas de origen del sector automotriz, elevando el contenido regional exigido y privilegiando una mayor fabricación dentro de territorio estadounidense. También podrían revisarse sectores estratégicos como el equipo de cómputo, cuya cadena de suministro depende ampliamente de componentes asiáticos.
Pero el mayor desafío para México ni siquiera está dentro del tratado.
Llega a esta negociación bajo una fuerte presión política derivada de la exigencia estadounidense para reforzar la cooperación en materia de combate al narcotráfico, al tráfico de fentanilo y al crimen organizado. En los últimos meses, la administración Trump ha endurecido su discurso respecto a la falta de control del gobierno de México con respecto a los cárteles. Esa realidad inevitablemente terminará influyendo en el ambiente de las negociaciones comerciales.
Aunque oficialmente se trate de temas distintos, la política y la economía pocas veces viajan por caminos separados. Hoy la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años, y eso reduce el margen de maniobra para la delegación mexicana.
La buena noticia es que romper el T-MEC sigue siendo el escenario menos probable. Las cadenas productivas de Norteamérica están demasiado integradas como para dinamitar un acuerdo que beneficia a los tres países. La industria automotriz, la manufactura, el sector agroalimentario y buena parte de la competitividad regional dependen precisamente de esa integración.
Sin embargo, eso no significa que México pueda confiarse.
La revisión que inicia esta semana probablemente no definirá el futuro inmediato del tratado, pero sí marcará el tono de una negociación que podría extenderse durante meses. Será una prueba diplomática, económica y política para los tres gobiernos, pero especialmente para México, que enfrenta el desafío de preservar las ventajas competitivas que lo han convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos.
El T-MEC difícilmente desaparecerá. Lo verdaderamente importante será conocer en qué condiciones seguirá vigente. Y en esa respuesta podría encontrarse buena parte del futuro económico del país.





