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Enfermedad contagiosa

By diciembre 21, 2023No Comments

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CHAVA PORTILLO

Confieso que nunca he sido fan de Luisín Donaldín Colosín porque siempre me ha parecido un muchachito ramplón, incoloro, inodoro e insípido o como dicta la cita popular, es un huevo sin sal.               Eso no es malo, así nació y que le vamos a hacer.     Sin pedirlo ni imaginarlo lo engendró un político carismático, picoso y con esencia que fue fenómeno en su arranque de brillante carrera e inesperada su accidentada despedida.

Tuvo que cargar con la pesada losa del apellido como ahora tiene que soportar el compadrazgo de Samuel y de Mariana que muchas ocasiones lo estiran a un remolino de heces fecales sin darle oportunidad de hacer gestos, sin poder decir que lo que hace Sami Mattel no es precisamente de su agrado.   Recordarán ustedes el primer zipi-zape en Cadereyta cuando el candidato Samuelito fue a “clausurar” la refinería de PEMEX en compañía de Luisito y los echaron en corrida con la consabida mentada de madre, a lo que el acompañante se vio impotente de decir que no tenía vela en el entierro, pero la vergüenza se la tuvo que tragar.

Pero el hijo de Colosio Murrieta y Diana Laura es un buen chavito, ingenuo tal vez que raya en timorato.  El destino, karma o diosito lo ha puesto en un camino escabroso, aunque no deje de ser promisorio, porque después de sufrir la trágica niñez de madre sentenciada a muerte por enfermedad  y padre arteramente asesinado, su vida es propia para un guion de Carla Estrada o Luis de Llano para sacarle millones en el canal de las estrellas, como Pepe el toro de Pedro Infante…que no ha muerto.

Hablé por primera ocasión con Luisín cuando era diputado y en verdad fue poco agradable porque queriendo entrar a saludar al bronco gobernador, su jefe de guaruas le impidió el paso diciéndole que no podía molestar al ejecutivo, por supuesto Jaime no se dio por enterado.  El cochino sabe con quien se rasca, si ese atrevimiento se lo hubiera hecho al de la pluma, el guarura con toda su pléyade de gatos de Angora, estarían en la macro-plaza todavía.    Ese es Luisín Donaldín, un hombre bueno por no decir pelmazo.

Hoy el jovencito alcalde de Monterrey está entre la espada y la pared; han jugado con su futuro y sus ambiciones hasta que se han cansado, hablando por él, declarando sin saber cuáles son sus auténticos deseos.  Lo hacían precandidato a la presidencia, aseguraban que se re-elegiría de alcalde y más tarde era la fórmula mágica en el senado con la muchacha sensación esposa de Samuel que por coincidencia…es su comadre.     No vive en Monterrey y todo mundo está enterado, pero como la ley electoral dice que, a falta de constancia de residencia vía credencial del IFE su compadre puede, avalar que tiene más de un año de ser regiomontana, aunque él mismo sabe que es totalmente falso, pero como decirle que no al favor pedido por sus compadres de pila.   Además, ni que fuera para tanto, decía Chava Flores.

Convertirse en mentiroso no es cosa fácil, hay quienes les cuesta trabajo y existen otros que gozan de su enfermedad como el presidente López, el propio Samuelito el de nosotros o su comadre que sueña con ser su sucesora que ya entró a la clínica de rehabilitación del mentiroso compulsivo, aunque sea sin remedio ni curación.

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