Félix Cortés Camarillo para Pan y Circo

Misión cumplida. Eso prometió el presidente López que dirá cuando le entregue a su delfina Claudia Sheinbaum la banda presidencial. Nunca Lopitos ha sido más sincero: su empeño cotidiano – ¿se dice cotimatutino? – desde el inicio de su ejercicio presidencial ha sido la canalización, la división, la controversia y la inquina entre los mexicanos.

Tan lo logró que en las urnas no había más que dos sopas. El mismo Lopitos lo había anunciado, una vez más, con sinceridad: se trata de un plebiscito, de un refrendo. Con AMLO o en contra de él.

Yo no soy señor de números y estadísticas para analizar en qué medida la amenaza repetida por los “siervos de la Nación” que nosotros pagamos de que si se votaba en contra de Claudia la limosna estatal de cada dos meses iba a desaparecer, pero todos estamos de acuerdo en que ese fue un factor decisivo a la hora del voto; aunque fuese falso.

La mayoría de los recipientes de apoyos mínimos por su condición de viejos tenía su voto decidido. Esa obviedad oculta una verdad más importante: en México, hay mucho más pobres que no pobres. Le dejo de tarea la distribución: los que están en pobreza extrema, los pobres-pobres, los pobres a medias, los clasemedieros que vamos al mercado para saber lo que se siente ser pobre. Se siente gacho.

¿Cuántos somos los de mi corral y cuántos los de los otros?

No importa; somos un chingo. Y un chingo votó por la promesa de que, por el bien de todos, primero los pobres. No tengo objeción alguna a esa premisa. Simplemente, que se haga realidad.

Me queda claro que los que votaron por Morena y sus tachuaches no tienen idea, ni les interesa, de lo que significa la división de poderes, la autonomía de las instituciones, la mayoría calificada, el prestigio internacional del país o las reformas constitucionales. Diría el genial Rius, la panza es primero, aunque como vegano que fue, se privó de muchos de los placeres de la tripa.

Es indispensable ver hacia atrás para proyectar lo que está adelante. En este caso el atrás se consolidó la noche del domingo: más de lo mismo. Pero peor. Está a punto de comenzar una dictablanda sin represión aparente, sin violencia evidente. Probablemente con respeto a las libertades esenciales de pensamiento, expresión y reunión. Pero uno nunca sabe. La desaparición del poder judicial y las entidades de control de abuso del Ejecutivo, como fueron concebidas, está a la distancia de un botón en el despacho presidencial.

Habemos ingenuos optimistas que hemos aprendido de la historia llamada patria: esa que nos dice que cada nuevo presidente tiene en su genética la necesidad de romper -a veces con brusquedad- con su antecesor.

Y si no, que Dios haga lo que le dé su gana. Cosa frecuente.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): Los mexicanos todos, pero en específico mis paisanos de Monterrey, recibimos una lección de lo que quiere decir mensaje corporal, cuando vimos el mensaje de Mariana Rodríguez de Samuel García reconociendo su derrota en las elecciones por la alcaldía, mientras se ponía rímel en sus pestañas. ¡Joder!

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