Félix Cortés Camarillo para Pan y Circo

Es difícil llamarse a sorpresa por la firme y explícita convocatoria que hizo la presidente Claudia a los legisladores con ella electos de la coalición de Morena, para que apoyen con entusiasmo y lealtad el paquete de 20 reformas constitucionales que el presidente López dio a conocer el 5 de febrero, y a cuyo paquete ella añadió cinco más; explícitamente, entre otras, el apoyo económico a las mujeres antes de los 65 años y la atención especial a los indios y los negros mexicanos.

Yo me niego a usar el subterfugio cínico de pueblos originarios y seres afromexicanos. En más de un país me han llamado, por mi apariencia, indio y negro, sin que me haya causado el menor escozor. Por el contrario, me he sentido orgulloso.

Es simplemente lógico que la palabra continuidad con cambio domine el discurso político de la próxima mandataria; especialmente si proviene de una carrera largamente compartida con López Obrador en los mismos clubes políticos, compartiendo -al menos en teoría- una ideología de izquierda.

Curioso sería que la postura de la heredera de la silla presidencial siga siendo igual después de la toma de posesión de su cargo; eso sí sería preocupante, aunque el historial político de las transiciones sexenales marque que los alejamientos sean graduales y normalmente sin estridencias. Empero, si el estilo personal de gobernar de Claudia Sheinbaum coincide con el de Lopitos o abunda en sus extremos, este país va al precipicio.

No se trata solamente que el núcleo de las reformas lopezportillistas estén comenzando a causar preocupación en los señores de la inversión extranjera; el asunto comienza a ser local. A los mexicanos de a pie no les interesa, como dice con frecuencia Lopitos, quienes son los ministros de la Suprema Corte ni como llegan a sus cargos. Nosotros queremos que vaya al bote el que se roba mi carro, violenta a mi hija, asesina a mi compadre o roba en casa de mi mamá. Y eso no va a la SCJN.

Fuera de las fronteras, el gran enigma es Donald Trump.

La alta probabilidad de que regrese a la Casa Blanca, abre una serie de opciones vagas y nada promisorias para los mexicanos. Se puede esperar naturalmente, una política migratoria mucho más estricta y que le cargue la mano al gobierno mexicano para que se ocupe de cuidarle su frontera para que no lleguen a los Estados Unidos los indeseables. En materia económica podemos ver una ofensiva arancelaria a todo producto que los chinos quieran meter a su país escondido en los pliegues del tratado de libre comercio.

Por el momento, tanto Sheinbaum como Trump siguen siendo enigmáticos. Pero Claudia Sheinbaum en la presidencia y Morena en el legislativo, son por el momento un caso cerrado. Muy bien se hubieran podido ahorrar lo de las encuestas del fin de semana y lo de los foros académicos que prometió la presidente electa: de todos modos, todo será sin mover una coma.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): ¿No ha notado usted en el Presidente unos síntomas extraños relacionados con la atención o la coherencia de su discurso? ¿No le parece que, de pronto, hace pausas excesivamente largas cuando habla pausado, y aparentemente no puede encontrar la palabra adecuada, y a veces usa una totalmente ajena al tema? ¿No cree que a veces se podría decir que “se le va el avión” y se queda mirando al vacío? ¿No cree que todo eso es síntoma de senilidad, e indicador de que ya debiera acelerar su retiro placentero al lugar que elija?

Desde luego, me refiero al presidente Joe Biden.

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