Félix Cortés Camarillo para Pan y Circo

La palabra Hossana o, si se prefiere Hosanna, es una palabra mística que a los humanos nos ha venido acompañando, de manera especial luego del surgimiento de la fábula de Cristo, que dió origen a una de las tres más importantes iglesias de nuestro tiempo. La palabra viene del latín, que la tomó obviamente del griego; vino del hebreo, nacido en el arameo antiguo, que era la lengua de Jesús el Nazareno.

En todas las versiones, hossana quiere decir salve, a manera de saludo -aunque poco frecuente- pero siempre, “sálvanos, ayúdanos ahora, te rogamos que nos salves”. en ese sentido se puede interpretar el cántico, que según cuenta el evangelio de Mateo entonaba los judíos a la entrada a Jerusalén en la celebración que hoy los católicos llaman el Domingo de Ramos para dar inicio a la semana llamada santa que para los judíos era la de pesaje, de los panes sin levadura, para recordar la liberación judía del yugo egipcio.

Cabe recordar que, en aquellos tiempos de Jesús, Palestina era gobernada por el César romano. No es aventurado pensar que la figura religiosa del Mesías transmita a una figura romántica de líder de la insurgencia libertaria. No sucedió así; sin embargo, lo que persiste es que los fariseos, en su campaña por la crucifixión, insisten mucho en la rebeldía de Jesús hacia el dominio romano.

Traje estos deliciosos momentos a propósito del duelo que muchos estimados priístas mexicanos están viviendo ahora tras el golpe de mano, porque ni siquiera es de estado -ya quisieran- que les dio Alito Moreno. Con todas las mañas que el PRI inventó, desarrolló y perfeccionó por años, el dirigente máximo del PRI convocó a una asamblea aplastante, instruyó a una borregada dócil, e hizo votar las reformas al reglamento interno del partido que dirige, exactamente como le dio su chingada gana. Y será el dueño del PRI, y de los estipendios generosos de los mexicanos a través de la legislación electoral, hasta el año 2032. Claro, si el PRI sigue existiendo entonces.

¡Hossana! gritan hoy los dignos priístas. Quieren que la voluntad divina del pueblo noble y bueno, como dicen por ahí, venga en su salvación.

En lugar de pedir auxilio, debieran festejar el sacrificio. Yo les recomiendo otro vocablo de la onomatopeya religiosa: ¡Aleleuya!. En estricto sentido quiere decir “alabad a Yahvé”, pero es una expresión de júbilo. Los pocos priístas decentes que quedan debieran agradecerle a Alito Moreno que haya destrozado lo que quedaba de una institución degenerada, traicionada y usada como puta por tantos indignos priístas.  ¡Qué bueno que se hunda con Alito y sus rufianes!

No se les olvide que para la salvación de los fieles hubo de sacrificar a uno. A los mexicanos nos queda la esperanza de que surja otra opción.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): La derrota de la ultraderecha en Francia no es para echar campanas a vuelo; el eventual triunfo de la señora Le Penn, que en la segunda vuelta se vio cerca, era motivo de preocupación en Europa. El cambio Laborista en Downing St. también dice algo.

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