PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Ya casi estamos en Agosto, el mes del adulto mayor.
Pero es un tema que debemos abordar durante todo el año.
Estamos obligados a convertirlo en una discusión permanente.
Primero, porque todos esperamos llegar a viejos.
Pero más importante aún, porque nuestros gobernantes no están entendiendo la velocidad de la transición demográfica en México, como sucede en muchos otros países.
¿Qué significa esto?
En los últimos años México ha entrado en esta dinámica… de tener tasas de natalidad y mortalidad altas, ahora son cada vez menores.
Nacen menos… y mueren menos personas… Resultado: La población envejece, la población se reestructura.
Desde hace algunos años la matrícula en escuelas primarias ha comenzado a reducirse… y sí, podríamos decir que ya hay un “bono demográfico”, esto es, menos personas que dependen de un trabajador. Pero el envejecimiento gradual de la población traerá consigo dificultades, sobre todo en términos de seguridad social. Porque serán, seremos, más adultos mayores.
En el mundo, igual, se avecina un cambio demográfico sin precedentes. Hombres y mujeres de 65 años o más pasarán de ser 740 millones a mil 600 millones, en el transcurso de los próximos 30 años.
De estos mil 600 millones, mil 250 millones vivirán en países que hoy son considerados en vías de desarrollo. África tendrá un boom de jóvenes. América Latina y China, de adultos mayores.
Este panorama demográfico es un problema, sí, del cual derivarán muchos otros.
Según la Organización de las Naciones Unidas, lo que más inquieta es que el envejecimiento y el descenso de la población resulten en un déficit de mano de obra, debiliten la productividad económica y la innovación, hagan más lento el crecimiento y el desarrollo económicos, impongan una presión fiscal insostenible sobre los gobiernos y las personas, conduzcan a cambios culturales y étnicos en las sociedades.
El cambio demográfico es una de las megatendencias que están influyendo en gran medida en el progreso de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. ¿Y cuáles son los objetivos? Proporcionar bienes y servicios esenciales a la población, como comida, agua, energía, vivienda, infraestructuras, salud, educación y protección social, así como perspectivas de pleno empleo, mejores condiciones de vida y menores presiones medioambientales.
A su vez, el Informe Social Mundial 2023, publicado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Organización de las Naciones Unidas, reclama medidas concretas para ayudar a la población mundial, cada vez más envejecida, en medio de la escalada de los costos de las pensiones y la atención sanitaria.
Señala que las autoridades deben replantearse los sistemas de protección social, incluidas las pensiones, para garantizar la seguridad de los ingresos de todas las personas mayores.
Posponer medidas críticas que permitan a las sociedades beneficiarse y adaptarse al envejecimiento de la población impondría altos costos sociales, económicos, fiscales y relacionados con la salud, tanto para las generaciones actuales como para las futuras.
Por el contrario, con la previsión y la planificación adecuadas, los gobiernos pueden hacer frente a los desafíos del envejecimiento de la población… al tiempo que mejoran las oportunidades para que todas las personas prosperen y se aseguran de que nadie se quede atrás.
No permitamos que este tema permanezca ajeno a la opinión pública.





