
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Otra vez la política, otra vez los atisbos del pleito político en Nuevo León, y sí, otra vez, es la gente común y corriente la que sale perdiendo.
Y es que nos parece que fue nada afortunada, la señal que mandó el municipio de Monterrey, encabezado por Adrián de la Garza, con el retiro violento y unilateral de seis parabuses que habían sido instalados por Gobierno del Estado en la zona sur de Monterrey.
El gobierno de Adrián argumenta que los parabuses “carecían de permiso”, y que por eso fueron retirados. El gobierno estatal de Samuel García ha hecho mutis, al menos hasta el cierre de este escrito.
Pero el punto es que, más allá del permiso o no, si los parabuses ya están puestos, si ya se gastó en instalarlos y además resultan muy útiles, ¿por qué no buscar primero un acercamiento con el Estado, por qué no dialogar y buscar una salida más constructiva, antes de arrancarlos de su lugar, dañándolos, gastando más dinero del erario en retirarlos (más lo que cueste eventualmente volverlos a poner), y, lo más grave, quitándole sus parabuses ya instalados a la gente que utiliza el transporte público? ¿Acaso se trata sólo de mandar una señal de “aquí no te metes sin mi permiso”, pero pasando por encima del beneficio de la gente que ya lo está utilizando? Si es así, qué mal y qué penoso.
Estos parabuses (o módulos para esperar el camión) ofrecían sombra y protección de la lluvia a los pasajeros, además de asientos inclusivos, particularmente útiles para las personas de la tercera edad o los discapacitados, pero además ofrecían tecnología útil para el viajero como señal de wi-fi, enchufes de carga para el celular (con opción adicional de carga inalámbrica), iluminación solar y hasta un reloj digital.
Uno de los parabuses había sido colocado en un punto icónico: casi frente a la rotonda del Tec, en esa zona del sur de Monterrey. Otros están frente al campus Mederos de la UANL; en el cruce con el Arroyo Seco; en la Colonia Sierra Ventana; y uno más a la altura de Más Palomas, todos ellos en Monterrey.
En otros municipios como Guadalupe y Escobedo también fueron instalados sin que el municipio los quitara; sólo Monterrey decidió retirarlos.
Se entiende que un municipio tiene que reforzar la ley, y no puede tolerar que se viole, como sucede con instalaciones sin permiso, pero el tema aquí no es tan simple: si se colocaron parabuses para ayudar a la gente, y el permiso es en realidad un mero trámite, ¿por qué no empezar por buscar realizar el trámite? ¿Por qué no buscar otras soluciones primero, que no impacten negativamente en la población, y sobre todo en la más necesitada?
Monterrey podrá tener la verdad “legaloide”, pero la narrativa de su acción no lo ayuda: lo coloca como el villano. Nos hace pensar que pesó más el interés por no dejar que el estado, donde gobierna Movimiento Ciudadano, se anotara un punto a favor; y se olvidaron del ciudadano.
Lamentablemente el suceso nos recuerda, nos lleva de regreso, a los peores momentos vividos con el pleito político entre partidos. ¿Qué no ya había armonía? ¿O ya de plano se adelantó el encono electoral y ahora las decisiones de gobierno obedecerán a ese interés?
Queremos políticos que vean por los ciudadanos, ¡no por sus intereses de grupo!





