
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
A un mes de haberse descubierto el daño al principal ducto de drenaje pluvial de la ciudad de Monterrey, provocado durante la construcción de la Línea 4 del Metro, no existe un plan de remediación.
Ni fechas, ni diseños, ni responsables.
Nada.
Y mientras tanto, la obra del Metro (o más bien, del monorriel) avanza a marchas forzadas, como si el calendario del Mundial 2026 fuera más importante que la seguridad de la población.
Lo inquietante no es solo el daño, sino lo que revela. Fallas en la planeación, supervisión y ejecución de una de las obras públicas más promocionadas de esta administración.
El ducto pluvial no es un tubo más… Es la infraestructura crítica que representa la capacidad de Monterrey para soportar lluvias intensas.
Y ya lo vimos este año. Las precipitaciones de agosto y septiembre generaron inundaciones atípicas en zonas que históricamente no padecían esos niveles de acumulación, como la avenida Gonzalitos.
La administración estatal insiste en que todo está bajo control, que el avance del Metro no se detendrá y que la obra estará lista antes del Mundial.
Pero la pregunta no es si estará lista en menos de 200 días… o antes de que termine el gobierno de Samuel García, en octubre de 2027. La pregunta es si va a estar bien hecha… y si van a remediar los daños colaterales, en este caso, el drenaje pluvial.
La prisa nunca ha sido la mejor aliada de la ingeniería. En este caso, se siente más como un enemigo silencioso.
El alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, dijo claramente que la reparación o reconstrucción del pluvial es más importante que terminar el Metro “en tiempo y forma”. Y tiene razón. Porque se trata de la seguridad de cientos de miles de personas cada vez que llueve.
Surgen preguntas que, a estas alturas, deberían tener respuesta:
¿Qué fue lo que realmente sucedió? ¿Hubo advertencias técnicas ignoradas? ¿Se dieron cuenta del daño y decidieron continuar? ¿Por qué no consultaron (o hicieron caso omiso) a los especialistas en ingeniería civil y en materia hidráulica?
Hasta ahora no hay una narrativa oficial creíble. Ni transparencia. Ni documentos públicos que lo aclaren. El silencio solo alimenta la sospecha de que hubo decisiones apresuradas, presiones políticas y una supervisión deficiente.
Y lo que falta por definir resulta aún más inquietante.
¿Cuándo se reparará el pluvial? ¿Cómo se hará? ¿Cuánto costará? ¿Quién lo pagará?
Nadie quiere decirlo. Nadie quiere cargar con el costo político. Nadie quiere detener una obra que ha sido usada como insignia electoral, a pesar de que hoy representa un riesgo latente para la ciudad.
¿Qué nos espera si no se actúa de manera correcta, transparente y urgente?
Lo que está en juego no es solo la Línea 4 ni un retraso rumbo al Mundial. Lo que está en juego es la capacidad del gobierno para responder con seriedad a una crisis que él mismo provocó. No debemos permitir que la infraestructura crítica de la zona metropolitana de Monterrey quede a expensas de los caprichos políticos.
Si el Estado no corrige pronto y con absoluta transparencia, entonces la próxima tormenta no será solo un evento climático… Será un examen público que revelará la profundidad del error. Y en ese momento, no bastarán excusas, ni videos en redes sociales, ni promesas de última hora.
Lo que está roto no es solo un ducto… es la confianza.
Y si tampoco se repara eso, entonces la verdadera inundación será de irresponsabilidad.





