
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Me siento profundamente asqueado al escucharle decir al premier israelí Benjamín Netanyahu -considerado un criminal por la Corte Internacional-, que culpa al gobierno de Australia, y a su líder Anthony Albanese, frente la terrible masacre de la Playa Bondi, donde murieron al menos 16 personas, muchos de ellos judíos, ya que, según Netanyahu, el que Albanese busque reconocer al Estado Palestino, habría “alimentado más el antisemitismo en Australia”.
Qué absurdo.
No puede haber declaración más tramposa ni actitud más miserable que esa: utilizar una masacre, e incluso la muerte de sus propios correligionarios judíos, para pretender victimizar al gobierno asesino de Israel y de paso querer reprimir las manifestaciones que denuncian el genocidio en Gaza, que buscan detener esa masacre y que pretenden legítimamente que los palestinos puedan convertirse en ciudadanos con todos los derechos que goza cualquier otro ciudadano del mundo, en la propia tierra donde viven y que les pertenece.
Son dos cosas absolutamente diferentes, y ambas son necesarias: tanto denunciar el antisemitismo irracional y las masacres terribles como la que acaba de ocurrir en Australia, como denunciar también el constante asedio del genocida estado de Israel contra los palestinos. Ambas injusticias deben condenarse profundamente, y seguirse condenando mientras persistan. Y tendrán que castigarse, tarde o temprano.
Pero las aseveraciones de Netanyahu no son sólo verdaderamente cínicas (puesto que lo que él hace es igual o más terrible que lo que pasó en Playa Bondi), sino que además hasta nos despiertan sospechas sobre lo que pudo estar detrás de este atroz ataque contra una comunidad judía en Australia.
Existen los llamados ataques de “bandera falsa”, donde el perpetrador oculto se disfraza de un bando distinto, para culparlo o hacer parecer que fue responsable; o, incluso, hasta provoca ataques contra su propia gente para justificar guerras en contra de un tercero a quien pretende culpar.
Por más insensible y maquiavélico que parezca, esto ha ocurrido repetidamente en la historia de la humanidad, y más aún en el último siglo.
Lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que este ataque sí le cae como anillo al dedo a Benjamín Netanyahu para victimizar al gobierno de Israel, fustigar a las voces que defienden la causa palestina, y alejar la mirada sobre el genocidio que sencillamente no para en contra de los palestinos.
Dicen que, para encontrar al culpable, hay que preguntarse siempre quién sale beneficiado.
Hoy no sabemos quién planeó esta horrible masacre, pero sí podemos ver quién la está capitalizando en favor de su causa.
Es abominable lo que sigue pasando en este mundo.





