Minuto
RICARDO CORTÉS CAMARILLO
Son incontables las tropelías que cocodrilo -a- Andrés López cometió en sus dos sexenios como presidente, los primeros seis como titular al frente de palacio nacional y los siguientes seis que aún no terminan, desde Palenque, donde no se mueve la hoja de un árbol sin su anuencia o la de sus querubines engendros de belcebú que cuando no andan de compras en tiendas exclusivas o zampándose viandas caras en los mejores mesones, siguen siendo los que le informan y o asesoran, sobre todo las acciones de Claudia, la más eficiente y leal colaboradora de la 4T.
Andrés López se encargó de enterrar lo poco o mucho que habían hecho gobiernos pasados en setenta o más años que creíamos, fueron catastróficos pero no, resultó que lo que llegó para quedarse es una pulmonía fulminante y no una gripe pasajera.
Dieron al traste con la educación alimentando un Frankenstein con los sindicatos de los supuesto maestros que cada seis meses se levantan de su ataúd en noches de luna llena a chupar el necesario néctar para acabar la sed de los insaciables vampiros.
En las aulas, ante la irresponsable media tarea de los educadores con vacaciones perenes, políticas educativas obsoletas como implementar el pase automático sin reprobar, produciendo jumentos inútiles que fracasarán en el intento de encontrar trabajo calificado.
Así como destrozaron la educación “enfermaron” la seguridad al inventar ese bodrio de “abrazos no balazos” que no fue más que un maquillaje espurio en la complicidad evidente de los policías y los carteles que se convirtieron en una maquinaria poderosa invencible que nos identificó como vergüenza mundial donde Donald Trump nos puso la cereza gritándole al mundo entero que México era país gobernado por los narcos.
Si usted imagina que Andrés López, el peor presidente que ha padecido nuestra patria, fue todo el daño que nos causó, agárrese de la brocha porque voy a quitar la escalera. El daño irreparable a la nación es haber convertido a los soldados tanto de tierra como a los marinos, en seres miserables porque aunque analfabetos, ignorantes y palurdos fueron leales servidores de la nación, hoy, son insolentes millonarios poderosos que les heredaron todo la fuerza en la toma de decisiones abriéndoles la caja de los dineros, construyendo aeropuertos, refinerías, aduanas, carreteras, puertos marítimos, confiándoles la vigilancia, supervisión y operación de todo lo imaginable, retacándose los bolsillos de parné por carretillas tapando con la argucia perfecta, como son los soldados, NO tienen obligación de informar a nadie puesto que es “seguridad nacional” y se acabó el corrido.
El descarrilamiento del tren interoceánico, milagrito que quieren colgarle sólo a Gonzalo López Beltrán que supervisó el diseño, trazo y construcción, en razonable parte existe verdad pero… los encargados de la obra faraónica, fueron los soldados de verde olivo, así como el desgarriate en el control de calidad de la refinería “dos bocas” que TODOS los días que llueve tienen que evacuar al personal y detener labores por la inundación que hace imposible trabajar. NOTA: esa zona geográfica sufre de aguaceros once meses del año. Sin comentarios.
Andrés Manuel está consciente de todo el daño que hizo a México y no tiene perdón de dios, porque su mandato NO ha terminado, lo sabe y su encargada de despacho, también, que ayer puso en un sobre con sello lacrado cuando ordenó a la señora que parece tamalera pero es la Fiscal General de la República, Ernestina Godoy, que cerrara el asunto de Rubén Rocha Moya y los demás pelafustanes señalados por el gobierno americano, para que no se vuelva a tocar el tema, porque NO existen pruebas.
Del huachicol fiscal y los marinos ladrones ocupan un lugar y mención especial porque son demasiados millones en esta estafa que rebasa todo ábaco imaginable en la faz de la tierra y donde, primero pasan por su cadáver que molestar al secretario Rafael Ojeda Durán, que tristemente…también es soldado y también corrupto.
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