
Pedro Ocañas para Pan y Circo
En Nuevo León, enfermarse no debería convertirse en una carrera de obstáculos, pero para miles de ciudadanos, buscar atención médica en el sector público significa armarse de mucha paciencia, cruzar los dedos y esperar a que haya una consulta, medicamentos y de ser necesario una cama disponible.
Las fallas en el sistema de salud pública atrapan a los pacientes, quienes quedan ante una incertidumbre de cuánto tiempo hay que esperar para recibir la atención que requieren.
La salud no puede depender de la suerte, pero desgraciadamente, para muchas familias esto pareciera ser una regla no escrita de un sistema que debería ofrecer lo mejor, y no angustia.
Para quien vive al día, y no puede acceder a la atención en un hospital privado, no queda más que esperar, insistir y confiar en que el padecimiento no empeore mientras llega su turno.
La atención oportuna para salvar una vida está en manos de quienes tienen la administración del sistema de salud que atiende a un gran número de ciudadanos.
Nuevo León debe fortalecer la calidad de sus servicios de salud pública ante la vulnerabilidad de sus habitantes.
Claro está de que la atención de la salud no depende exclusivamente del gobierno estatal, sino que también participan instituciones federales con las que deberían estar coordinadas para resolver la urgencia de cada paciente.
A las carencias, la falta de insumos y escasez de medicamentos se suma otro síntoma de la crisis: el personal de las clínicas del IMSS ha salido a la calle para bloquear vialidades en distintos puntos de avenidas principales usando estas deficiencias como bandera de sus protestas, además de exigir respuestas a sus propias demandas.
El problema crece y va más allá de las demandas de los trabajadores y de las afectaciones viales que provocan las manifestaciones. Detrás de cada bloqueo hay una institución que necesita explicar por qué sus conflictos internos han llegado a este punto.
Mientras las autoridades negocian y los trabajadores exigen soluciones con bloqueos, los ciudadanos quedan atrapados entre el tráfico, que de por sí ya es complicado.
El próximo gobernador tendrá que colocar la atención médica entre las prioridades centrales de su proyecto de gobierno para promover y exigir, a nivel federal, que se garantice personal suficiente, medicamentos y consultas para una atención oportuna.
La salud pública no puede seguir siendo una prueba de resistencia para el enfermo y una preocupación permanente para sus familiares. Tampoco debe tratarse como un asunto secundario.
Que cuando un ciudadano enferme debe confiar de que va a ser atendido de forma oportuna y como se merece y no va a estar destinado a la suerte y a la espera.
La respuesta deberá ser inmediata y cuando un ciudadano llegue a un hospital encuentre todos los recursos que se requieran para su atención, casi igual que en Dinamarca, como se ha prometido.
En el discurso oficial la salud es un derecho; en la realidad, para demasiados mexicanos, parece una carrera de obstáculos.




